Mi familia en otro país tiene un problema, ¿qué hago? 5 consejos y 5 preguntas

- “Finalmente uno está lejos y no puede hacer nada…”

¿Qué hacer cuando nuestra familia está lejos enfrentando una crisis?

¿Qué hacer cuando nuestra familia está lejos enfrentando una crisis?

Así termina una larga historia, contada por skype, en la que una mujer de casi 40 habla de la enfermedad de su madre, que está en su país de origen.

Después de contarme con detalle las visitas médicas, los tratamientos, la forma en la que los otros hermanos se turnan para cuidar de esta mujer de más de 70 años, la ahoga un sentimiento profundo que a a veces parece resignación, otras impotencia y algunos, los que no la conozcan bien, podrían confundir con indiferencia.
Pero yo, que la conozco, se que detrás de “no puedo hacer nada” se posan, la culpa y la impotencia, juntas. Una de cada lado.
Esta situación pone sobre la mesa que el patrón de relación con nuestras familias ha cambiado. La distancia y el rol que jugamos en nuestra familia, ahora más periférico, requiere de una nueva manera de comunicarnos y de dar y recibir apoyo.
Cuando emigramos el mundo de los seres amados sigue existiendo. A miles de kilómetros siguen celebrándose cumpleaños, nacimientos, graduaciones, matrimonios, y tantos pequeños encuentros que hacen que la vida fluya para los que se quedan. Los que se van las viven a veces como participantes y otras como espectadores. Se siente alegría por los logros de los otros, y una melancolía saludable que nos recuerda el amor. Cuando se convierte en melancolía triste, nos recuerda el duelo
Familias que se apoyan, se acompañan a pesar de la distancia

Familias que se apoyan, se acompañan a pesar de la distancia

Pero también fluyen otros eventos que cierran ciclos, como las separaciones, los fallecimientos, la ventas de objetos significativos… y también las enfermedades.
Cuando esto ocurre podemos sentirnos angustiados, impotentes o culpables. En un escenario lejano es duro seguir con la rutina mientras la familia, a la que extrañamos, enfrenta una crisis. Sobretodo si nos hemos sentido siempre partícipes y protagonistas de los eventos familiares. 
Ofrezco algunas recomendaciones desde mi experiencia y mi formación que pueden ser de utilidad a aquellos que desean acompañar a su familia cuando se presentan problemas y están lejos en kilómetros, pero cerca en el corazón.

1.- Mantener el foco en el rol actual.

Podría suceder que la angustia nos invada a tal punto que no logramos funcionar eficientemente en el aquí y ahora. Las personas que nos quieren y respetan en nuestro país de origen reconocen amorosamente nuestro nuevo lugar, y esperan que nos cuidemos, que mantengamos nuestra rutina, cuidemos de nuestro hijos y pareja y que “estemos bien”.  A su vez, mantener el foco implica re-conocer nuestro nuevo entorno y comentar nuestra preocupación con quienes son nuestros nuevos compañeros en el camino. Nuestros nuevos amigos son los que ahora nos dan soporte y se hacen solidarios con nuestros sentimientos, aunque no conozcan personalmente a las personas que hoy nos quitan el sueño.

2.- Mantener el contacto y cuando te comuniques con la familia: escuchar sin juzgar, criticar o dar consejos a-priori.

Sigue leyendo

Para mis estudiantes, que han comenzado a aprender sobre apego

Hace un año escribí una carta a mis estudiantes cuando di la clase de “Factores prenatales que afectan el desarrollo” que viene seguida de “Proceso de parto y su influencia en la conducta de apego”. Hoy la rescato esta parte, porque sigue vigente:

Embarazo, parto y apego

Embarazo, parto y apego

Queridas estudiantes de Educación,

“… si tuviera que elegir, si hoy me dijeran que tengo sólo una clase para explicarles lo esencial que una maestra debe saber, elegiría sin dudarlo dos cosas:

Me concentraría en el parto y el primer año, y me dedicaría al desarrollo en esa etapa vital.

Si algo debe saber una maestra, que posiblemente se convierta en madre en el futuro (o que quizás ya lo es!) es que nuestras bases están en el embarazo, parto, nacimiento y primeras semanas de vida, y que debemos proteger especialmente esta etapa para que el proceso de desarrollo evolutivo se produzca de forma saludable.

Una asignatura que aborde este tema es poco, quizás muy poco. Sobre todo porque más que la “herramientas” que tantos docentes reclaman, lo que más quiero transmitir es la comprensión del proceso, como base para tomar decisiones en un micromundo muy significativo: el de cada niño que esté en sus manos.

Muchos teóricos hablan con profundidad y bases científicas sobre el tema. Yo quisiera transmitirles no las nociones teóricas, sino la intención firme de hacer las preguntas pertinentes utilizando como base la teoría que subyace a estos procesos: Sigue leyendo

Psicoterapia en tiempos difíciles: más empatía y menos indolencia

Un profesional de salud mental requiere de formación y empatía

Un profesional de salud mental requiere de formación y empatía

A diario veo pacientes.

Pacientes testigos de disparos,

Pacientes víctimas de robo y secuestro,

Familias sin dinero para costear tratamientos psicológicos o psicoeducativos, buscadores incansables de medicinas, pañales o alimentos,

Pacientes perdidos en los vericuetos de un sistema incapaz de darle respuesta a sus necesidades de salud, ni mental ni física.

Pacientes en un contexto que supera, en muchas ocasiones, su capacidad para tomar el control de sus vidas y tomar decisiones.

Los entiendo. Los escucho.Tienen el derecho y el deber de transformar su queja sorda en una demanda clara y una meta plausible. El acompañamiento terapéutico conduce a la resilencia desde el contacto y la elaboración de nuestras vivencias, no desde la negación de estas. Ese es mi trabajo.


A veces, en algunos giros sutiles que dan las conversaciones, presenciales o virtuales, escucho voces que parecen colocar el peso en la “energía” o “pensamientos positivos”. A riesgo de ofender a los paladines de la autoayuda, o incluso de ser malinterpretada por amigos y conocidos, me atrevo a decir que no en toda circunstancia valen los principios de “ponerle ganas” o de “mente positiva” cuando se trata de transitar caminos llenos de violencia o vivir carencias que impiden una vida digna y solo permiten la supervivencia. Me resulta una sencilla manera de culpabilizar a las personas de su situación.

Que una madre tenga que ponerle “energía positiva” cuando carece de medicinas para su hijo o que deba vivir el 100% del tiempo en modo “agradecimiento por sobrevivir“, acaba siendo una postura muy cómoda, especialmente de quienes tienen (o tenemos) garantizado lo mínimo.

Es fácil invitar a “estar por encima de las circunstancias” cuando la nevera está llena, cuando se cuenta con atención médica de calidad y no tienes carencias en alimentación o salud. Pero cuando la violencia toca la puerta, cuando entierras al alguien que debió morir viejito y en su cama, cuando eres testigo de un secuestro, víctima del hampa, no tienes a manos medicinas, o no encuentras alimentos con sólo ir al supermercado, no me vengan con que debo (yo o mis pacientes) “estar por encima de esto”.

Sí, lograré estar por encima de esto, pero no porque le pase por encima, lo niegue, me resigne o me disocie. Sino porque lograré hacer transformaciones en mi vida, porque logro elaborar mis propios duelos, porque soy capaz de motorizar mis recursos y refugiarme entre los míos. Esa postura que trata de hacernos ver que esas circunstancias son ajenas a nuestras vidas, ajenas al trabajo terapéutico o son preocupaciones rastreras de seres inferiores apegados a lo material, para mi tienen dos explicaciones: faltas importantes en la formación o indolencia.

Explicaré con detalle mis dos hipótesis, que no tienen más fundamento que mis pensamientos y reflexiones.  Sigue leyendo

Miedos nocturnos en los niños: “Sapo tiene miedo”

Yo no sé ustedes, pero cuando mi hija susurra en mitad de la noche “mami tengo sed” abro los párpados, pesados como piedras, arrastro mis pies hasta la nevera y, a tientas, busco agua sin ganas ni ternura. Un acto impersonal y obligatorio, sé que el aire acondicionado reseca su nariz y debo darle agua. Pero no tengo ganas de levantarme…

Pero si mi pequeña dice

- “mami tengo miedo”

Se activa otro lado de mí y…. me hago a un lado.

Porque, si un niño tiene miedo, correrá a la cama más cercana, naturalmente. No se me ocurre algo más sensato. Nuestra vida de hijos únicos y apartamentos de dos habitaciones implica para el niño tener que correr velozmente por el pasillo estrecho de la casa y con maromas y volteretas de ninja llegar ileso a la cama de mamá y papá. Nada fácil. Yo no tenía ese problema, dormía en la misma habitación de mi abuela que estoy segura que me habría defendido del mismisimo Godzilla. Y hubiera ganado, obviamente.

Cuentos sobre miedos nocturnos en niños

Cuentos sobre miedos nocturnos en niños

Por eso cuando mi niña dice

- “mami tengo miedo”

De repente brilla mi capa de superheroe, la invito a venir a la cama y por un momento (solo segundos, pues rapidamente nos dormimos) soy una especie de hada protectora mezclada con cobija capaz de defenderla del peor de los monstruos. Incluso de los del armario, que según mi marido son los más peligrosos. Mi hija además se mete en lugar imposible entre el pecho de papá y la espalda de mamá, a manera de contorsionista y el miedo desaparece tal y como llegó. Y de paso mi marido se siente superheroe durante el breve  tiempo que tarda en abrir espacio a la pequeña y volver a dormirse. Milimesimas de segundos, desde luego, pero segundos de calidad.

Muchas veces tengo pacientes que vienen a consulta porque el miedo los acompaña y pensando en ellos compré “Sapo tiene miedo” (de Max Velthuijs editado por Ekaré).  Cada vez que llego con un cuento para el consultorio, mi hija hace “la prueba de calidad” adueñándose durante unos días del libro. A veces no lo suelta, otras me lo “presta” y algunas veces lo tomo sin permiso, y ella cuando va al consultorio lo rescata y lo trae de vuelta.

Leímos  Sapo tiene miedo y nos reímos un rato.  Es un cuento que nos permite reconocer esos miedos inexplicables y refractarios a toda lógica que sólo se curan con un abrazo. Así, “ilógicos” e “irracionales” son los miedos infantiles. Uso comillas porque en la lógica infantil sus miedos calzan perfectamente!. Como los de Sapo. Sigue leyendo

Maltrato, tipos de apego y violencia urbana

Me siguen llegando a la consulta niños y niñas que han sido criados bajo un esquema violento, víctimas de la negligencia de sus cuidadores y del maltrato físico y verbal.  Hoy conversaba con una madre* envuelta en una de estas situaciones. La violencia en la crianza de sus hijos estaba tan naturalizada, que producía escalofríos

“No, no es maltrato, eso era antes. Lo que pasó es que el papá lo agarró por la camisa, así ¿ve?, lo empujó y le preguntó: ¿qué pasa, ah?  Si sigues así te voy a partir la cara”.

Maltrato, trastornos del apego y violencia urbana

Maltrato, trastornos del apego y violencia urbana

Sonaba convincente, tomando en cuenta que ya hace unos años le dejó una cicatriz en la ceja y el labio. Pero son de la época en que lo maltrataba, ya no.

Pedía orientación para manejar una situación: su hijo de 11 años ha intentado asaltar a sus compañeros de clase.

En el colegio, alarmados, se encendieron todas las alarmas. Yo, en silencio agradecí la humanidad de quienes están al frente de la institución, e insulté a este sistema que obliga a esta mamá de bajos recursos a pagar una consulta privada de psicología que es muy cara.

Es una de esas millones de madres que siguen repitiendo el esquema del maltrato sin saber que su consecuencia es un patrón de apego. Sí, de apego. Sigue leyendo

¿Son necesarios los rituales de despedida con niños antes de emigrar?

Nosotros creamos una despedida

Nosotros creamos una despedida

Cuando decidimos retornar a Venezuela una de nuestras grandes angustias era cómo manejarlo con nuestra hija, que entonces contaba con 3 años y medio. Nos preocupaba cómo explicarlo, qué decirle, cómo hacerla partícipe. Era (y es!) suficientemente lista como para darse cuenta de la envergadura del cambio. Me preocupaban las despedidas. Las familiares todos juntos, repletas de abrazos y buenos deseos. Pero ¿y sus amigos de la guardería?, ¿y sus compañeros de colegio?, ¿debíamos despedirnos de ellos?

Los rituales de cierre con niños pueden ser angustiosos si los abordamos con melancolía, pero pueden ser muy saludables si se transforman en un cierre de ciclo para iniciar el próximo amorosamente.

Dice Celia Falicov, en un artículo que me gusta:

“Sabemos intuitiva y académicamente acerca de la importancia de los rituales como marcadores de transiciones. Sin embargo, hay transiciones para las cuales no se han creado rituales culturales”

No había un ritual cultural, una tradición, un algo del que agarrarnos para despedir a nuestra hija de sus compañeros antes de terminar el curso, pero sentíamos que así como nosotros nos despedimos de cada amigo, ella también necesitaba sentir que esta etapa terminaba y comenzaba otra. Y que ya, en largo tiempo, no volvería a ver esos amigos especiales. Especiales porque justamente eran los primeros. Nos decidimos a inventar.

Fue entonces cuando sacamos del baúl a Pepe Romero*. Un pelícano títere que nos servía de cuenta cuentos para explicar algunas historias de nuestras migraciones a nuestra pequeña hija. Pepe Romero* nos acompañaría para crear y realizar nuestro pequeño ritual de cierre para niños.

Sigue leyendo

Perdí mi sonrisa, un cuento para conversar sobre bullying

Cuentos para hablar de sentimientos

Cuentos para hablar de sentimientos

Realmente los cuentos infantiles me chiflan. En mi mundo secreto fantaseo con escribir alguno y dar con un ilustrador que plasme el sentir de mi historia. En un cajón especial, mi marido y yo tenemos un proyecto que esperamos llevar al papel más pronto que tarde…

Pero, mientras tanto, leo historias magníficas escritas e ilustradas por autores fantásticos. Hoy coincidí con una apasionada de los libros, con quien conversé breves minutos. Pocos, pero conectamos maravillosamente, es lo que tiene la literatura: conecta!

Tenía a la venta una serie de cuentos de esos que alimentan la biblioteca de mi hija, de la que extraigo en “calidad de préstamo” algunos para el consultorio.

Compré dos, porque era lo que mi presupuesto podía permitirme. La crisis económica me corta, pero hoy debía elegir entre polvo compacto y libros… los polvos compactos que uso se salen de mi presupuesto de esta mes y ya saben lo que elegí… Sigue leyendo

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 914 seguidores