Miedos nocturnos en los niños: “Sapo tiene miedo”

Yo no sé ustedes, pero cuando mi hija susurra en mitad de la noche “mami tengo sed” abro los párpados, pesados como piedras, arrastro mis pies hasta la nevera y, a tientas, busco agua sin ganas ni ternura. Un acto impersonal y obligatorio, sé que el aire acondicionado reseca su nariz y debo darle agua. Pero no tengo ganas de levantarme…

Pero si mi pequeña dice

- “mami tengo miedo”

Se activa otro lado de mí y…. me hago a un lado.

Porque, si un niño tiene miedo, correrá a la cama más cercana, naturalmente. No se me ocurre algo más sensato. Nuestra vida de hijos únicos y apartamentos de dos habitaciones implica para el niño tener que correr velozmente por el pasillo estrecho de la casa y con maromas y volteretas de ninja llegar ileso a la cama de mamá y papá. Nada fácil. Yo no tenía ese problema, dormía en la misma habitación de mi abuela que estoy segura que me habría defendido del mismisimo Godzilla. Y hubiera ganado, obviamente.

Cuentos sobre miedos nocturnos en niños

Cuentos sobre miedos nocturnos en niños

Por eso cuando mi niña dice

- “mami tengo miedo”

De repente brilla mi capa de superheroe, la invito a venir a la cama y por un momento (solo segundos, pues rapidamente nos dormimos) soy una especie de hada protectora mezclada con cobija capaz de defenderla del peor de los monstruos. Incluso de los del armario, que según mi marido son los más peligrosos. Mi hija además se mete en lugar imposible entre el pecho de papá y la espalda de mamá, a manera de contorsionista y el miedo desaparece tal y como llegó. Y de paso mi marido se siente superheroe durante el breve  tiempo que tarda en abrir espacio a la pequeña y volver a dormirse. Milimesimas de segundos, desde luego, pero segundos de calidad.

Muchas veces tengo pacientes que vienen a consulta porque el miedo los acompaña y pensando en ellos compré “Sapo tiene miedo” (de Max Velthuijs editado por Ekaré).  Cada vez que llego con un cuento para el consultorio, mi hija hace “la prueba de calidad” adueñándose durante unos días del libro. A veces no lo suelta, otras me lo “presta” y algunas veces lo tomo sin permiso, y ella cuando va al consultorio lo rescata y lo trae de vuelta.

Leímos  Sapo tiene miedo y nos reímos un rato.  Es un cuento que nos permite reconocer esos miedos inexplicables y refractarios a toda lógica que sólo se curan con un abrazo. Así, “ilógicos” e “irracionales” son los miedos infantiles. Uso comillas porque en la lógica infantil sus miedos calzan perfectamente!. Como los de Sapo. Sigue leyendo

Maltrato, tipos de apego y violencia urbana

Me siguen llegando a la consulta niños y niñas que han sido criados bajo un esquema violento, víctimas de la negligencia de sus cuidadores y del maltrato físico y verbal.  Hoy conversaba con una madre* envuelta en una de estas situaciones. La violencia en la crianza de sus hijos estaba tan naturalizada, que producía escalofríos

“No, no es maltrato, eso era antes. Lo que pasó es que el papá lo agarró por la camisa, así ¿ve?, lo empujó y le preguntó: ¿qué pasa, ah?  Si sigues así te voy a partir la cara”.

Maltrato, trastornos del apego y violencia urbana

Maltrato, trastornos del apego y violencia urbana

Sonaba convincente, tomando en cuenta que ya hace unos años le dejó una cicatriz en la ceja y el labio. Pero son de la época en que lo maltrataba, ya no.

Pedía orientación para manejar una situación: su hijo de 11 años ha intentado asaltar a sus compañeros de clase.

En el colegio, alarmados, se encendieron todas las alarmas. Yo, en silencio agradecí la humanidad de quienes están al frente de la institución, e insulté a este sistema que obliga a esta mamá de bajos recursos a pagar una consulta privada de psicología que es muy cara.

Es una de esas millones de madres que siguen repitiendo el esquema del maltrato sin saber que su consecuencia es un patrón de apego. Sí, de apego. Sigue leyendo

¿Son necesarios los rituales de despedida con niños antes de emigrar?

Nosotros creamos una despedida

Nosotros creamos una despedida

Cuando decidimos retornar a Venezuela una de nuestras grandes angustias era cómo manejarlo con nuestra hija, que entonces contaba con 3 años y medio. Nos preocupaba cómo explicarlo, qué decirle, cómo hacerla partícipe. Era (y es!) suficientemente lista como para darse cuenta de la envergadura del cambio. Me preocupaban las despedidas. Las familiares todos juntos, repletas de abrazos y buenos deseos. Pero ¿y sus amigos de la guardería?, ¿y sus compañeros de colegio?, ¿debíamos despedirnos de ellos?

Los rituales de cierre con niños pueden ser angustiosos si los abordamos con melancolía, pero pueden ser muy saludables si se transforman en un cierre de ciclo para iniciar el próximo amorosamente.

Dice Celia Falicov, en un artículo que me gusta:

“Sabemos intuitiva y académicamente acerca de la importancia de los rituales como marcadores de transiciones. Sin embargo, hay transiciones para las cuales no se han creado rituales culturales”

No había un ritual cultural, una tradición, un algo del que agarrarnos para despedir a nuestra hija de sus compañeros antes de terminar el curso, pero sentíamos que así como nosotros nos despedimos de cada amigo, ella también necesitaba sentir que esta etapa terminaba y comenzaba otra. Y que ya, en largo tiempo, no volvería a ver esos amigos especiales. Especiales porque justamente eran los primeros. Nos decidimos a inventar.

Fue entonces cuando sacamos del baúl a Pepe Romero*. Un pelícano títere que nos servía de cuenta cuentos para explicar algunas historias de nuestras migraciones a nuestra pequeña hija. Pepe Romero* nos acompañaría para crear y realizar nuestro pequeño ritual de cierre para niños.

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Perdí mi sonrisa, un cuento para conversar sobre bullying

Cuentos para hablar de sentimientos

Cuentos para hablar de sentimientos

Realmente los cuentos infantiles me chiflan. En mi mundo secreto fantaseo con escribir alguno y dar con un ilustrador que plasme el sentir de mi historia. En un cajón especial, mi marido y yo tenemos un proyecto que esperamos llevar al papel más pronto que tarde…

Pero, mientras tanto, leo historias magníficas escritas e ilustradas por autores fantásticos. Hoy coincidí con una apasionada de los libros, con quien conversé breves minutos. Pocos, pero conectamos maravillosamente, es lo que tiene la literatura: conecta!

Tenía a la venta una serie de cuentos de esos que alimentan la biblioteca de mi hija, de la que extraigo en “calidad de préstamo” algunos para el consultorio.

Compré dos, porque era lo que mi presupuesto podía permitirme. La crisis económica me corta, pero hoy debía elegir entre polvo compacto y libros… los polvos compactos que uso se salen de mi presupuesto de esta mes y ya saben lo que elegí… Sigue leyendo

Adolescencia y autonomía

rumbaenmargarita“Las tres  niñas solas” nos fuimos a Margarita, sería el año 97, ¿quizás 98?

Tres estudiantes de psicología,  dispuestas a pasar dos semanas a los grande. El padre de una de ellas nos prestaría la casa, el carro… ¿que más podíamos pedir?

Con 20 años, carro, algo de dinero, playa y total independencia.

Ya hacía mucho tiempo, quizás desde los 16 o 17 años que podía salir con amigos, los de toda la vida, los de los scouts, a acampar. Pero este viaje tenía un tinte diferente, era poner a prueba la autonomía, lo que llaman madurez, la responsabilidad.

Muchos padres de adolescentes tardíos o adultos jóvenes me preguntan por el nivel de independencia que pueden permitirle a sus hijos de esa edad.

- Rosario,  ¿la dejo ir?, ¿es bueno que haga eso? yo no se si estoy siendo muy rígida, pero… ¿debo permitirle que….?

No es mi estilo responder ese tipo de preguntas, por dos razones

La primera es he intento he mis pacientes tengan una respuesta de acuerdo a sus convicciones, no a las mías.

La segunda es que respeto profundamente la capacidad del otro para valorar sus riesgos y oportunidades, y ¿quien soy yo para responder esto?.

Pero yo misma me hago otras preguntas. Me pregunto qué ocurre que no somos capaces de identificar si nuestro hijo es capaz de cuidar de si mismo en nuestra ausencia, o incluso si es capaz de cuidar de sus amigos si estos necesitaran ser cuidados.

En estas conversaciones siempre recuerdo este viaje. Sigue leyendo

Confieso: soy psicóloga y regaño a mi hija

Mucho que aprender de psicología y crianza

Mucho que aprender de psicología y crianza

Sí, soy psicóloga y regaño a mi hija de 5 años. Las dos cosas.

La regaño cuando agoto el recurso de hablar con ella con suavidad. Pongo una voz de ogro, (bastante espeluznante, por cierto) y digo

- “Ya está bien. Ya te lo dije de buenas maneras, ¿tengo que ponerme brava?”

Ante esa afirmación, se le llenan los ojos de lágrimas, dice “pero mamá..”.  y empieza un ciclo desagradable en el que durante unos 15 minutos me transformo en la mamá que repite el discurso “te lo estoy diciendo bien y no me haces caso, te pedí que te apuraras porque tenemos que salir, yo me apuro cuando tú quieres llegar a tiempo a alguna cosa, ahora por favor te pido… blablabla…. Y ayer me desperté temprano porque querías la trenza como la de Frozen para ir al colegio y te la hice y llegaste bella a tiempo, hoy yo debo estar en la Universidad a las 7 blablabla…”  (esto sin contar que el domingo había visto un tutorial en youtube para aprender a hacer la famosa trenza y digo con orgullo que aprendí!)

Insoportable, sin duda.

Yo la llamo la “pataleta adulta”.

Y es totalmente incoherente con la idea de “respetar los tiempos de los niños”.

No me gusta, pero me pasa.

Y honestamente creo que estar brava-enojada-molesta es parte de los sentimientos de una persona. Lo cual no me da derecho alguno a violentar a mi hija, pero creo que así como la escucho cuando se molesta, también quiero ser escuchada cuando me molesto. No quiero descargar mi ira con violencia, pero tampoco puedo fingir que no estoy sintiendo auténtica frustración. Es un equilibrio difícil de lograr.

La gente me pregunta muchas veces si regaño a mi hija, pues suponen que en la Universidad me enseñaron también a no molestarme. Creo que no nos dieron esa clase, o al menos yo falté ese día. La rabia, la ira, la vergüenza son sentimientos, como tales no son buenos ni malos, y yo, como todo el mundo, los siento cuando me frustro o cuando me veo expuesta a mis propias carencias, a mis miedos, a mis limitaciones. Existe una especie de tendencia a considerar estos sentimientos como “negativos” con la consecuente coletilla de “dañinos” o “malos”. Sin embargo, como todo en esta vida, tienen una función.

Me gusta como lo explica Lawrence Shapiro en su libro “La inteligencia emocional de los niños” en el capítulo dedicado a “Las emociones morales negativas”: Hace tiempo que dejé de leer libros tratando de encontrar verdades, y rescato de este libro los aspectos que valoro y considero de utilidad cuando hablamos de emociones:

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Emigrar con niños: 1 noticia y 4 preguntas que te harán tus hijos

Migrar con niños

Mi hija antes de salir

María y yo, como mamás nos veíamos conversando sobre las expectativas de los hijos sobre el proyecto migratorio. La conversación se inició por el viaje de Héctor a Chile y a la vez por nuestros propios proyectos “bajo la manga”.

Emigrar, agarrar las maletas con hijos,  requiere de una dosis especial de sensatez, pues supone un cambio tremendo con consecuencias para toda la familia. El saldo tiende a ser positivo, pero no lo es simplemente por el hecho de dar el paso y decir “me voy”.

Se me ocurre resumir nuestra conversación en las preguntas más angustiantes (para ellos y nosotros), que seguro, nos harán nuestros hijos antes de emigrar.

Qué decir, cuándo, cómo, por qué motivo es parte de lo qué tendremos que explicar a los seres que más amamos, consientes de la importancia de nuestra decisión en sus vidas. Sigue leyendo

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