Psicología para emigrar, Vivir en otro país
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Solidaridad entre emigrantes: ¿hemos curado nuestras heridas?

Todos los emigrantes saben de la importancia de la solidaridad. Por desgracia muchas veces no se encuentra el apoyo necesario entre los que emprendieron la travesia antes de nosotros. Recientemente mi prima, que reside en Madrid desde hace pocos meses, me comentaba su temor a trabajar con personas que como nosotras, son de origen latinoamericano.

    Su afirmación, como poco, me sorprendió. Sin embargo, a los pocos minutos de escuchar su historia comprendí perfectamente qué le había ocurrido con sus primeros compañeros de trabajo. Lejos de sentirse protegida, o comprendida por quienes habían sido emigrantes antes, sentía sus miradas de recelo, incluso cierta disposición solapada en sus palabras de “hacerla sufrir lo que ellos habían sufrido”.

Mi prima tiene papeles en regla, cuenta con familia en España, no tiene deudas, ni hijos que mantener. Gracias a su especialidad profesional ha encontrado un trabajo en su profesión en medio de la crisis.  Además se mimetiza perfectamente en la sociedad pues su aspecto no delata su origen a primera vista.

Sin embargo comparte muchos temores, ansiedades, anhelos y nostalgias con cualquier otro emigrante.  Aquel día de repente soltó “estoy a punto de decir que soy canaria” y me contó cómo estos compañero de trabajo no sólo no habían sido abiertos con ella, sino que al contrario se habían mostrado cautos al hablar. Lluego, con un poco más de confianza, le habían hecho saber todos los sufrimientos que debería tolerar sola y sin ayuda de nadie. Cero solidaridad.

¿De dónde viene ese comportamiento poco solidario entre quienes podrían ser más bien apoyos naturales?

Quizás la clave está en que muchos aún no han superado las miles de heridas personales que trae consigo el proceso migratorio. En medio de una faena contínua de trabajo y supervivencia “resuelven” a medias la nostalgia por los seres queridos, la frustración de metas no alcanzadas y el dolor del rechazo velado que en tantos lugares existe. Siguen adelante, sin detenerse un momento a observar y meditar sobre su propio proceso.

De repente una persona que siempre había sido dulce y atenta empieza a actuar de forma hostil o agresiva.  Empieza a comportarse de tal manera que sus familias en origen piensan que han cambiado y las personas que están conociendo se encuentran con mucha dureza.

Cuando esos sentimientos emergen si saberlo ni controlarlo, cuando nos encontramos haciendo o diciendo cosas que  nos impiden crear relaciones sólidas y duraderas, quizás sea el momento de hacernos preguntas.

  • ¿Hemos cambiado tanto que no podemos hacer amistades, pareja, o sentimos que nos alejamos de los nuestros?
  • ¿Nos hemos dedicado sólo a hacer contactos funcionales sin dejar espacio a la amistad simple y solidaria?
  • ¿Nos hemos sentido utilizados por otros y hemos ido creando una barrera de desconfianza que nos impide ser las personas que somos realmente?
  • ¿Qué queremos realmente: superar esa etapa dura en la que no contamos con nadie para lograr nuestras metas? o ¿estamos continuamente volviendo sobre ese tema, y en lugar de apoyar a otros se los hacemos tan o más duro que como nosotros lo vivimos?

 

  Preguntas para reflexionar y empezar a dar un giro. Un giro que nos permita ir viviendo este proceso sin herir a nadie en el camino, sin dejar de lado a nuestros seres queridos y del cual puedan surgir relaciones auténticas y duraderas.

Esta historia de mi prima, ha tenido  final feliz. Ha encontrado ese “angelito de la guarda” que cada inmigrante tiene en su historia, una mujer, que ha resuelto sanamente su proceso. Una mujer que optó por ser solidaria, y apoyar a otros para evitarles muchas de las lágrimas que la emigración le costó.

5 Comments

  1. Claudia says

    Me gusta mucho el enfoque, y me alegra que tu prima tenga su final feliz.
    Esto me puso a pensar en las diferencias entre emigrar al viejo mundo o al nuevo mundo, y sí emigras de nuevo mundo a nuevo mundo el cuento es otro.

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    • Hola Ave Migratoria!
      Creo que gran parte de las personas que pasamos por este proceso nos encontramos en situaciones en las cuales somos poco solidarios, menos comprensivos, poco tolerantes… mucha gente ha vivido soledad y se encuentra en un punto del camino en el que puede resolver esa herida de varias formas: una de ella, muy utilizada es “yo he hecho todo sola, no recibí ayuda de nadie, asi que los demás que se apañen”. Mucha gente vive asi, muy tranquila e incluso muy orgullosa de ese punto. Pero hay gente, que tras vivir largos períodos desde esa perspectiva se encuentr adescontenta y se pregunta hasta dónde la migración la ha cambiado y la ha llevado a estar sola sin querer. Para esa gente son esas preguntas.
      Estoy escribiendo un post sobre un angelito de la guarda que he conocido recietemente! Porque ser slidario es otra vía alternativa!

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  2. Rosario Rivero says

    Hola querida Psicóloga, He leído atentamente esta situaciones del que está empezando a hacer la vida en otro país y las reacciones de los que ya vivieron más ó menos lo mismo.Creo, que la mayoría tiene temor a perder algo cuando entra el nuevo en escena, se llena de temor porque cree que hasta le pueden quitar su propio trabajo y hasta el sitio donde vive, sobre todo aquéllos que han llegado en estado de pobreza a una nueva sociedad y han escalado duramente.Si continúan viviendo así el rencor los domina y se hacen realmente hostiles ante todo el mundo,ellos mismos se van aislando del entorno y a la larga tienen que mejorar ó sufrirán mucho.Quiero decirle a todo el que lea este humilde comentario que estoy orgullosísima de haber conocido y compartido con extranjeros desde muy niña porque Venezuela recibió a amigos de todas partes del mundo justo cuando yo estaba muy pequeña,aquí no tenía nadie problema en compartir, ayudar, dar trabajo,casa, poner a sus hijos en el mismo colegio con nosotros, imagínenese que a los seis años en primer grado tenía una compañerita Alemana que se llamaba, Alma Claus , allí en mi pequeña escuelita de El Valle en Caracas estaban los niños Kattar, del Líbano, compartiendo con todos nosotros, pero no recuerdo que les preguntáramos nada sobre su País ó de donde venían, era algo que no era importante para nadie en nuestras casas,eso no tenía ninguna importancia.No he nombrado italianos, portugueses y españoles porque siempre vivieron en este País con nosotros y adoptámos muchas de sus costumbres y comidas y ellos de las nuestras.Cuando llegué al bachillerato entonces si es verdad que conocí gente de otros países,polacos de apellido Blam,Rumanos: nuestra amiga Radulesku,de Ucrania mi compañera Odarka, China, María Cristina Chang ,Roberto Chang,Ruso: Ilukevich,Al final de la secundaria llegaron algunos cubanos, pero tampoco tomamos muy en cuenta su llegad,ni les preguntábamos nada al respecto.De la Universidad tengo buenísimos recuerdos de mis compañeras Judías, pero tampoco se ineteresaba nadie de porque y como estaban aquí.Así que invito cordialmente a todo el que crea que es un poco aventurado mezclarse ó intimar con alguien que no es de tu País a que se olviden de eso, compartan todo loque puedan dentro de la normalidad y aprovechen la parte buena de todos, así como nosotros aquí en Venezuela.Fíjense:mis zapatos seguro los hizo un Italiano, hoy le compré el pollo a un Portugués,la de la farmacia debe ser Colombiana, mi amiga enfermera Natividad es Colombiana,mi Médico Partero era de Lituania, mi Médico internista era hijo de Italianos, Nuestro barbero favorito: Sforza es Italiano, esta lista es larguísima y encantadora.No tengan tanto recelo, porue no es nada provechoso.Los quiero.Rosario.

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  3. Rómulo says

    Hola Rosario…
    ¡¡EXCELENTE!! Tu blog sobre migración y psicología. Llegué por casualidad ¿o causalidad? a este espacio y me parecen muy interesantes tus planteamientos sobre el duelo migratorio.
    Actualmente, tengo un hermano que vive en Francia (Fontainebleau). Se fue a cumplir su sueño de realizar un doctorado (aunque estaba cursando uno en Venezuela).. por lo que concluyo, que su deseo era más vivir en suelo francés y estudiar en La Sorbonne.
    Él se fue con su familia (esposa -embarazada de 5 meses- y sus dos hijos: niño, de 5 años y niña, de 3 años de edad).
    Recientemente cumplió un año en este país. En enero de este año nació mi tercer sobrino y en este tiempo, él ha tenido la oportunidad de combinar sus estudios al trabajar en un hostal en París y también como repartidor de periódicos. Cabe destacar que él es periodista y realiza su doctorado en Ciencias de la Comunicación.
    Te escribo de él, porque en nuestras conversaciones siempre percibo una constante: su deseo de volver a Venezuela, pero al mismo tiempo de quedarse en Francia…. un día dice: “A lo que termine los estudios, regreso…”, otro dice: “mejor me quedo….”; por lo tanto, es una situación muy inestable y su duelo migratorio creo que es un tanto cicloide… porque no se pudiera especificar en cuál etapa se encuentra y así tener un punto de referencia para apoyarle.
    Me gustaría muchísmo que pudieras ponerte en contacto con él y como un “ave migratoria” como él, pero con una plataforma psicológica que veo te ha sustentado en el proceso de preservar la identidad nacional y sobrellevar la pérdida, me parece que serías una buena consejera para él.
    Gracias por este espacio tan interesante!!!
    Un abrazo!!

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    • Rómulo, gracias por la visita y por la confianza de contar este caso que te llega tan cerca. He estado alejada de la blogosfera, pero estoy de vuelta. Es normal sentir estos ciclos de “me quedo o me voy”, sobre todo cuando el sueño se cumple a medias y la calidad de vida que se puede obtener no cumple con las expectativas que tenemos a cierta edad. LO importante es que estas ideas de volver en el futuro no le impidan cumplir sus metas presentes. SI por alguna razón requiere de apoyo profesional, puedes escribirme a info@psicologiaparacrecer.com, pues tengo consulta online. Un abrazo y mucha suerte!!

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