Vivir en otro país
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Me tratan bien, pero me discriminan

 

Hoy tuve una grata conversación radial en ONA Mallorca en la que participaron un representante de la Asociación de Senegaleses en Baleares y el Director de la Fundación GADESO. Hablamos sobre el estudio  realizado por Gadeso sobre la percepción que los inmigrantes tienen de los baleares. La conversación fue en mallorquín y yo como cualquier nouvingut, pues tuve que esforzarme por entender a mis interlocutores.

El estudio muestra la “paradoja” de que casi el 70% de los encuestados manifiesta que se ha sentido bien tratado o muy bien tratado, pero cuando se pregunta si ha sentido discriminación, casi el 40% responde afirmativamente. Sin duda lo que cada uno entiende por buen trato pasa por los referentes culturales,  y a mi juicio esta estudio podría verse complementado de manera muy interesante con un estudio cualitativo utilizando grupos focales. Sobre la paradoja que refleja tengo una interpretación desde el punto de vista de la evasión del conflicto.

Evadir el conflicto es muy propio de quien está llegando. Se pasan por alto situaciones que pueden ser confusas y se dedica poco tiempo a resolver lo que no es considerado prdioritario. Por otro lado, en general las manifestaciones discriminatorias no suelen ser abiertas, con lo cual siempre queda la ambiguedad en el aire, las palabras no dichas y las puertas que se cierran con disimulo.

A su vez, parece que los autóctonos no son muy dados a la confrontación, y tampoco es que le resulte especialmente molesto el fenómeno migratorio… hasta que nos encontramos frente a la escasez de recursos, de empleo, de plazas de guardería, de asientos en el autobus. Entonces es cuando los datos del estudio son menos ilustrativos que  los comentarios dejados por los ciudadanos de a pie en la página web que los publica.

Este conflicto latente está allí. Está en el parque infantil de mi barrio en el que coexistimos los domingos por la mañana autóctonos, peninsulares, alemanes,  gitanos e inmigrantes en un collague que está por explotar simplemente porque ningun adulto dice claramente a cualquier adolescente, de cualquier origen: “oye, cuidado con el columpio, que el parque es de todos”. Cada uno calla, cuida de su niño, y en las caras vemos cómo la “propiedad” del parque está jugándose.

   Afrontar el conflicto sobre la escasez de recursos de manera adulta y sin agresiones requiere de una gran madurez personal y colectiva. Llegar a acuerdos como ciudadanos en igualdad de condiciones con los mismos derechos y obligaciones presupone apertura y tolerancia. Entender que todos estamos en el mismo barco.

Toni decía al principio de la entrevista que estabamos “condenados” a convivir, y de algún modo se excusó por utilizar la palabra condena. Comentaba que convivir era cosa de dos, y estoy plenamente de acuerdo. Compartiendo un territorio (que además es una isla!) tendremos que entendernos y encontrar los recursos personales necesarios para hacer explícito el conflicto, manejarlo y solucionarlo. Es mejor que evadir y dejar tensiones acumuladas que luego pagaran los niños en el parque, en la guardería o en la consulta de pediatría del centro de salud más cercano.

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Psicóloga y psicoterapeuta especializada en procesos familiares y migración. Una venezolana viviendo en Alemania, feliz en la aventura de una familia multicultural y de acompañar a otros en la aventura de vivir.

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