Emigrar con niños y adolescentes, Familia multicultural
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Encontrarse con la familia después de tener un bebé en otro país

Encuentro con la familia de origen tras haber tenido un bebé en otro paísRecientemente leí un post de Louma, en Amor Maternal, que me hizo reflexionar, ¿qué ocurre cuando nos encontramos con la familia después de tener un bebé en otro país?

Nuestra familia de origen puede llegar a sentir un amor infinito por este bebé al que aún no han tenido en brazos, y también por nosotras convertidas en madres/padres en una tierra lejana. Las expectativas generadas por un bebé deseado y esperado son enormes.

Parir lejos de la familia de origen es un proceso importante para la nueva mamá. Es hacerse madre sin contar con las referencias habituales,  el sostén necesario o los apoyos (y también las críticas) que casi todas las madres reciben desde el primer día de vida de su hijo. Por otra parte, el  bebé recibe una carga emocional muy intensa al convertir con su llegada a la pareja sola en familia.

Cuando el estilo de crianza que hemos decidido para nuestro hijo es cónsono con el que nuestra familia espera (da igual qué tipo de crianza sea) la familia está en gran medida “aliviada”. Significa que como estrenados padres aceptamos la herencia recibida y la aplicaremos con nuestros hijos. Entramos en un terreno mucho más escabroso cuando optamos por una crianza que no se ajusta a las expectativas de nuestros padres. Si a ello le añadimos que vivimos en otro país, con otras costumbres, otro idioma, otros valores, el terreno escabroso puede llegar a convertirse en un conflicto verdaderamente explosivo y reventar de manera inesperada.

¿Realmente es por la elección de otro tipo de crianza?

Me atrevo a decir que la crianza se convierte en la válvula de escape de un problema más profundo: el hijo/a que ha migrado, ha cambiado.

Ha cambiado, madurado, transformado su visión del mundo y esto ha sucedido lejos de casa. Sin testigos ni autorización. Es difícil digerir este cambio, que quizás sospecharan, pero al verlo cristalizado en una manera de educar a los hijos, el choque puede ser brutal.

La escena puede ser fácil de imaginar:

Tras un encuentro efusivo, tierno y sentimental, llegados a casa después de un largo viaje, han deshecho las maletas, entregados los regalos, han pasado muchas horas. Todo el mundo parece dispuesto a respetar el ritmo del bebé, y es la hora de la cena. Digamos que es una cena venezolana, que incluye arepas, jamón, queso, diablito (un enlatado a base de jamón) y hasta un vaso de leche de vaca. Y tu hijo no cena esto habitualmente. Sucede que todo el mundo es complaciente, se le da una cena a su gusto, y acto seguido pide teta, que la madre le da encantada. A estas alturas puede pasar de todo: que te reclamen que no estás dando la cena “tradicional”, que les parezca muy mayor para seguir con la teta, que les parezca que está desnutrido porque no toma leche de vaca, que digan que en realidad no come porque eres muy “blanda”, que se acuesta muy tarde….

¿De verdad esta familia quiere hablar de teta, leche de vaca u horas de dormir?

Quizás están viéndote como madre y aún no se lo creen. Quizás están viendo que haces cosas diferentes y no se habían dado cuenta de cuánto has cambiado. Quizás se resistan a aceptar que esta transformación (que no necesariamente calificarán de negativa) ha ocurrido lejos de ellos, y sin que puedan entender muy bien porque. Quizás, si eres hombre, son conscientes de que tu pareja ahora es la madre de tu hijo y no saben bien dónde colocarla con este nuevo peso que ha adquirido.

Es posible que esta madre/padre acabe peleando con su familia de origen por la teta o la hora de dormir. Que acabe citando las teorías más recientes sobre la lactancia, la OMS, Carlos González y hasta la teoría del apego de Bowly.

¿Está resuelto el problema de fondo?

Quizás esta madre sólo quiera ser aceptada en su nueva  piel. Quizás sólo quiera que su madre/padre/hermanos/suegros comprendan que vivir lejos ha tenido un efecto en su relación familiar, pero que no los quiere menos, que no los ha traicionado. Que ella no juzga a su propia madre por el camino elegido en su momento. Quizás esta madre quiere decir que la única familia con la que cuenta allá en la ciudad en la que vive es este bebé y su pareja. Que los ha necesitado mucho, y ellos no han podido estar.

Es muy posible que esta madre no necesite colocar una nota en la nevera sobre las costumbres de su hijo, ni hablar de la OMS.

    Es posible que esta madre, sólo necesite que su madre entienda su transformación. Y si es hombre, que su familia de origen acepte que ahora han vuelto como familia y no sólo como pareja.

Me han gustado mucho los consejos prácticos de los que Louma habla en su blog Amor Maternal. Me permito anexarles lo siguiente, desde la visión de psicóloga/mamá migrante:

   Para aquellas mamás y papás que viajan con sus bebés, recomiendo mucha sinceridad, empatía y apertura. Recomiendo, porque lo he vivido, comprender la carga emocional del viaje y el encuentro, y hablar de ello con sus familias antes, durante y después del viaje. Colocar la emocionalidad en la relación y el encuentro para proteger un poco al bebé/niño, que podría verse como la válvula de escape perfecta si no se habla de aquello que está en el fondo.

Esto permitirá fortalecer una alianza con la familia de origen, que finalmente es la tribu a la que originalmente pertenecemos.

8 Comments

  1. theinmigrant says

    Me parece excelente tu artículo. Tenemos que tomar en cuenta que aunque sean nuestros hijos, ellos forman un nuevo núcleo, con sus propias características, asociado ademas al hecho que están lejos de nosotros y como padres han establecido sus propias costumbres. Las visitas, sobretodo cuando se cohabita en una misma casa aunque sea por corto tiempo, son muy intensas y tienden a crear roces entre las familias

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    • Mil gracias por tu visita The Inmigrant, el re-encuentro de una familia es una experiencia delicada, amorosa y vital y es importante cuidar las relaciones y la comunicación en esos momentos. Un abrazo!

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