Crianza
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Dejar los pañales (I): versión mamá

Mi experiencia como mamá.

Victoria dejó de usar pañal el 29 de marzo de 2012.

Se despertó con el pañal seco y le pregunté:

–                 ¿quieres hacer pis en el váter?

–                 si!

Y corrió al baño, yo corrí detrás de ella a colocar el adaptador que tenía meses llevando polvo esperando este momento, y Victoria hizo pis en el váter, muy contenta. Yo canté, la cargué, hice mimos y ella corrió a su cuarto a vestirse y ponerse unas “braguitas de princesa”, que también estaban en el cajón esperando este día. Yo insistí en ponerle pañal, al fin y al cabo me parecía todo muy rápido. Pataleó, gritó y se lo arrancó.

–                 ¿Vas a decirle a mami cuando quieras a hacer pis?

–                 Si

Le creí, y así fue.

Pero eso fue el segundo intento, el del éxito, con poquísimos escapes, contenta, segura y muy consciente de su cuerpo.  El primero y cómo llegamos a este punto lo cuento a continuación.

Es noviembre, y ya hace frío. Victoria, mi pequeña de dos años y medio ha decidido que la psicología de mamá no es suficiente para convencerla de dejar el pañal, y que ella de bebé está muy bien. Ha dicho muy claramente que “Vitoya no quere se mayor”. Dicho así parece una broma, pero no lo es. Os cuento cómo comenzó todo

Justo en los inicios de verano en 2011, recién cumplidos los dos añitos y con calor de junio hicimos el primer intento. Curiosamente, y para que quede claro que en casa de herrero cuchillo de palo, coincidió con un taller que ofrecí a padres sobre el proceso de dejar los pañales.

De tal manera que un numeroso grupo de padres y madres, con hijos de edades similares a la de Victoria, escucharon la información que como “especialista” pude ofrecer.

Fui muy clara en que a los niños no se les puede presionar, ni obligar. Debe ser un proceso natural y sobretodo requiere de paciencia y de evitar reacciones emocionales negativas. Todo esto lo mantengo, y es por eso que meses más tarde seguí respetando la decisión de mi hija que me dijo con claridad que aun no estaba preparada.

Hecho el taller en junio, me dispuse a comenzar. Un fin de semana en casa, fregona a mano, un camión de braguitas y pantalones, y el kit completo. Para comenzar acertó muy bien las primeras 4 horas. “Felicidad! Oh! Lo va a lograr!”  Pero mi pequeñita aun no estaba lista. Lo difícil fue ver que los desaciertos la iban frustrando al punto de que el lunes, cuando llegamos a buscarla a la guardería, su carita de “no puedo” me dio a entender que me había apresurado. Y quizás, sin querer, la habíamos presionado demasiado.

Pasan los meses, los tiempos no son propicios por la cantidad de cambios en casa. Y aplazamos todo hasta noviembre, ya tenía dos años y medio. Hacía frío, pero estamos en Cádiz y la ropa se seca muy rápido por obra y gracia del Levante y decimos: “este fin de semana estamos listos, No compramos más pañales!” Tenemos toda la semana hablando sutilmente del tema. Victoria va a ser mayor!

Sábado por la mañana. Victoria admite quedarse sin pañal con la super braguita de princesas. Nos complace en un acto generoso sentándose en el váter, como una hija complaciente. Espera. Y cuando le parece conveniente, se levanta, va directo a la cómoda, saca un pañal y dice: “Vitoya quere pañal”. Insistimos: “Vas a ser mayor, como papá, mamá (y un largo etc.)” y ella se planta “Vitoya quere pañal!”. Seguimos, decimos que las braguitas son de mayores, que mamá tiene braguitas y que los pañales son de bebe… Victoria se queda muy seria: “ete pañal es de bebé”  (nos miramos, estamos a punto de lograrlo) se queda pensando, coge el pañal y hace como que lo arruga, lo tira y va a la cómoda “ete pañal e de mayor!”. Dicho esto, mi marido y yo nos miramos, la abrazamos, y entendemos que está muy conectada con sus necesidades, y que presionarla para hacer lo que no quiere y no puede va en contra de nuestro estilo de crianza, respetuosa de sus ritmos y necesidades.

Aplazamos “hasta nuevo aviso”. Un nuevo aviso de ella, claro. Entrada la primavera, hace un par de semanas, le proponemos que en Semana Santa podemos pasar unos días sin pañal, y se encienden sus ojitos, le decimos que pronto podrá ser mayor (nombramos a sus amiguitos “mayores”) y que ya no tendrá que ser bebé (y nombramos a los bebés de la guardería que son mucho mas pequeños y usan pañal) esto último la convence, ella no quiere ser tan pequeña! Ella quiere ser mayor!

Es así como un día se levanta y va directo a lograr una meta que desea y para la que se siente lista, con el apoyo de los adultos que la queremos (no sólo papá y mamá, sino también sus maestras), y en conexión con su cuerpo.

 

 

 

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Psicóloga y psicoterapeuta especializada en procesos familiares y migración. Una venezolana viviendo en Alemania, feliz en la aventura de una familia multicultural y de acompañar a otros en la aventura de vivir.

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  1. Pingback: Dejar los pañales (II): versión psicóloga | Blog de una psicoterapeuta

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