Crianza
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Conductas agresivas en niños de 1 a 3 años

   Los niños pequeños, de 1 a 3 años, expresan con su cuerpo entero lo que sienten. A medida que el niño aprende a expresar sus sentimientos con palabras estas expresiones corporales irán disminuyendo. Este post da algunas recomendaciones para evitar esas conductas agresivas que resultan en agresiones a otros niños o adultos.

Desde que nacemos estamos aprendiendo a expresar nuestras emociones. Este aprendizaje puede ser muy exigente en el caso de los niños entre 1 y 3 años. Ellos aprenden cada día a expresarse con palabras y gestos adecuados y requieren de mucho apoyo para ponerle nombre a lo que sienten.

Los niños pequeños expresan con su cuerpo entero lo que sienten: cuando quieren dar afecto sus abrazos son enormes y fuertes, cuando quieren expresar rabia comienzan las pataletas y el llanto y cuando están enfadados con otra persona (adulta u otro niño) pueden llegar a pegar, empujar o morder. Estas expresiones corporales irán disminuyendo en la medida en la que puedan colocar en palabras lo que sienten, y esas palabras puedan salir y ser escuchadas por sus padres y los adultos que le rodean.  Este proceso requiere de apoyo, empatía y comprensión y es parte ineludible de nuestra responsabilidad con los niños.

Este pequeño artículo trata sobre  las expresiones que resultan en agresiones a otros niños y/o adultos. A todos nos resulta desagradable ver una escena en la que dos niños se pelean, y mucho más una en la cual un niño pega o agrede a sus padres. Normalmente intervenimos y separamos a los implicados, para evitar “males mayores”, y solemos decir “es normal, son cosas de niños, en estas edades siempre pasan estas cosas”. Efectivamente, es normal expresar con el cuerpo el enfado entre 1 y 3 años, pero con apoyo y orientación los niños podrán aprender a expresarse adecuadamente y evitaremos que en el futuro tenga otras conductas más difíciles de manejar.

Algunas recomendaciones para los padres:

 

1. Reconocer los sentimientos que están detrás de la situación

Reconozcamos el fondo, no tenemos que ser especialistas, sólo observar y ser empáticos con nuestro hijo que no sabe decir con palabras y lo hace con su cuerpo. Es pequeño y su lenguaje verbal es más limitado: necesita ser reconocido. ¿Qué está tratando de decirnos con esa conducta?:  ¿está enfadado porque tiene que compartir con otros objetos o personas?, ¿siente celos de otro niño que está siendo en centro en ese momento?, ¿quiere recibir afecto porque sabe que cuando agrede a otro algún adulto se va a acercar?, ¿quiere expresar desacuerdo con la actividad que está realizando?, ¿quiere jugar y no ha aprendido a acercarse adecuadamente y en lugar de mirar lo que otro tiene se lo arrebata bruscamente?

2. Reconocer las situaciones que precipitan la conducta

¿Es más agresivo cuando está en un lugar público?, ¿Cuándo le quitan algo sin avisar?, ¿Cuándo quiere seguir en una actividad (parque, Tv, etc.) y tiene que terminarla?, seamos sinceros: ¿Cuándo tenemos muchos tiempo sin dedicarle atención genuina y completa?

Siempre pregunto qué pasó antes, no porque busque una relación causa – efecto, sino porque muchas veces los padres manifiestan dificultad para observar a su hijo de manera más global y se centran exclusivamente en conductas inadecuadas. Es muy duro ser observado y atendido sólo cuando agredes a otro…

3. Reconocer cómo nos sentimos nosotros ante sus conductas agresivas

¿Nos da rabia y queremos agredirlo (empujarlo, gritarle, arrebatarle lo que tenga en la mano)?, ¿nos produce vergüenza y preferimos salir corriendo o no hablar del tema y que nadie nos diga lo que nuestro hijo está haciendo?, ¿nos paraliza y “pasamos” de la situación “ignorando” lo que ha sucedido confiando en que algún día se le pasará?, ¿nos sentimos confundidos y esperamos que otro adulto intervenga y se haga cargo?

4. Establecer la consecuencia lógica cuando agrede a otro

Es recomendable detener la situación, hacer un alto,  poner en palabras lo sucedido: no basta decir “no se hace”, explicamos, tan seriamente como podamos y a su nivel “le has pegado, esto no está bien, ¿estás enfadado porque quieres este coche?, ahora vamos a ver qué le ha pasado a tu amigo, vamos a ver, decimos lo siento, ¿quieres el coche?, ¿cómo se pide? Decimos por favor, pero ahora él no te lo puede dar porque lo está usando, esperamos y luego se lo pedimos, diciendo por favor.

Es muy posible que llore, pero en ese momento tenemos que ayudar poniendo palabras a la situación “se que estás enfadado, pero tenemos que esperar, no puedes usar el columpio ahora porque esta niña está jugando”. Pero no es suficiente hacer esto un día, es necesario que seamos consistentes: enseñar a pedir por favor, a decir lo siento, a esperar el turno, en general a expresar sus deseos adecuadamente y evitar ser agresivo con otros niños. Acompañarlo en este proceso, que le resulta difícil. Y sobre todo ser empáticos con el niño, para ayudarlo a ser empático con los demás.

5. Re-conocer especialmente aquellas conductas positivas

No me refiero a reforzar, me refiero a vivir con él la experiencia de jugar alegre, disfrutarlo con esa mirada que nos hace sentir “que rico es jugar y compartir con otros de mi edad!”

6. Evitar etiquetar a un niño

Evitar etiquetar con calificativos populares como el “peleón”, “el de los empujones”, “el problemático” o con diagnósticos a la ligera “hiperactivo”, “tiene un problema de atención”. Es muy duro cargar con una etiqueta a cuestas desde tan temprana edad.

7. Evitar la agresión

Evitar agredirlo de cualquier manera: pegar, empujar, insultar, humillar son reacciones que los niños no se merecen y en ningún momento le enseñarán a expresarse adecuadamente

8. Evitar ignorar la situación

Sin duda la conducta agresiva que vemos en este momento puede ser pasajera, pero si no le enseñamos a manejarse adecuadamente con la rabia y la frustración la sustituirá por otra conducta que también puede ser problemática. Tampoco es recomendable ignorar la situación con la excusa de que “quiere llamar la atención”, si un niño recurre a esta estrategia para llamar la atención, quizás deberíamos revisar cómo estamos relacionándolos con nuestro hijo cuando no está siendo agresivo, ¿necesitará un poco más de tiempo con nosotros?

9. Evitar enseñarlo a responder con una agresión mayor

Es preferible evitar el enseñar a nuestro hijo a responder con una agresión mayor cuando ha sido agredido por otro niño. Es necesario que aprendan a avisar a un adulto para que intervenga y los ayude a canalizar lo que ha sucedido.

 ¿Cuándo debemos preocuparnos?

1.- Cuando el niño empieza a no poder relacionarse con sus iguales o estos lo rechazan.

2.-Cuando los padres sienten que el niño no comprende que sus agresiones causan dolor al otro niño.

3.-Cuando los padres sienten mucha rabia y sienten ganas de agredirlo o vergüenza que los lleva a evitar el tema.

4.- Cuando los adultos empiezan a discutir sobre este tema reiteradas veces , al punto que parece que el niño no hace nada más.

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Psicóloga y psicoterapeuta especializada en procesos familiares y migración. Una venezolana viviendo en Alemania, feliz en la aventura de una familia multicultural y de acompañar a otros en la aventura de vivir.

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