Evaluación y Tratamiento
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¿Cuándo evaluamos a un niño?

Muchos niños llegan a la consulta del psicólogo traídos por sus padres para ser “evaluados”, en estos casos la conversación suele iniciarse con una breve referencia a aspectos generales que preocupan a los padres. Otras veces los niños a evaluar son referidos por sus maestros, quienes observan conductas que no se ajustan a lo esperado. En un caso o en otro, la frase común acaba siendo “vengo para que me lo evalúe” , aunque muchas veces nos puede pasar que no tenemos claro qué es evaluar, cuándo evaluamos y qué áreas se evalúan.

Este último año he estado más involucrada en procesos de evaluación integral de altísima calidad,  gracias al equipo interdisciplinario del  centro en el que trabajo en Puerto Ordaz. Lo que más me gusta es que somos muchos ojos que ponemos la mirada para encontrar las causas de estas conductas que preocupan a los padres. También aplicamos pruebas especializadas, y en equipo, llegamos a conclusiones que en ocasiones implican un diagnóstico clínico. El proceso culmina con una serie de recomendaciones importantes para los padres, maestros y cuidadores.

Pero ¿siempre es necesario “evaluar” a un niño con todos estos procedimientos?, ¿siempre necesitamos un informe tan exhaustivo?

Cuando los padres dicen “vengo para que me lo evalúe” o los maestros nos dicen “necesita una evaluación!” muchas veces nos puede pasar que no tenemos claro qué es evaluar, cuándo evaluamos y qué áreas se evalúan. Todo profesional de la salud evalúa a sus pacientes, pero no todos los procesos de evaluación implican un informe detallado.

Al  hablar de evaluación, con todas sus letras, nos referimos a un proceso de aplicación de pruebas estandarizadas que pueden dar cuenta de indicadores claros en diferentes áreas. Específicamente es indispensable la evaluación intelectual, emocional, social y escolar. Por otra parte se incluyen los antecedentes familiares de importancia, asi como las observaciones clínicas, el reporte de los padres y en ocasiones el de los maestros. Se trata de un proceso largo,muchas veces costoso y que debe realizarse cuando realmente esté indicado.

En general un niño requiere evaluación cuando:

1. El niño ha utilizado diferentes tratamientos y no ha respondido satisfactoriamente a ninguno de ellos.

2. El niño presenta indicadores claros de déficit en algún área (cognitiva, emocional, escolar, social) y es necesario identificar la causa que explica estos déficit.

3. El niño presenta un retraso significativo en el desarrollo, o ha perdido funciones que ya se supone que había consolidado: por ejemplo pierde palabras cuando ya hablaba, o deja de controlar esfínteres, cuando ya era un proceso logrado.

4. El niño tienen un diagnóstico previo, pero se desconocen con detalle sus fortalezas y debilidades para orientar un tratamiento específico.

5. Muchas veces los especialistas decidimos aplicar tratamiento a partir de la observación clínica, la entrevista con los padres y la apliación de pruebas en el consultorio, sin que ello implique un informe o conduzca a un diagnóstico.

A menudo los niños, con sus recursos emocionales, familiares e intelectuales son capaces de responder rápidamente al tratamiento psicológico y hacer cambios de importancia, permitiéndonos inferir a partir de estos cambios sus fortalezas y potencialidades.

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  1. Pingback: ¡Julieta, estate quieta! – el cuento del niño que parece “hiperactivo” | Blog de una psicoterapeuta

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