Crianza, Relación con la madre, Vivencias de una psicoterapeuta
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Mi neurosis materna el primer día de clases

¿Va al cole con a vivir su historia o la de mamá?

¿Va al cole con a vivir su historia o la de mamá?

Queridos amigos, comparto con ustedes una parte de mi neruosis materna, en su versión “primer día de clases”

Como se imaginaran, estos días de septiembre transcurren preparando lo que los españoles llaman la “vuelta al cole”. Mi marido la semana pasada lo anunció como un gran logro: “por fin empezarán las clases” . Mi hija recibiò la noticia con alegría. Emocioanda por su uniforme, la compra de material escolar y la expectativa de encontrarse con nuevos amigos.
“Este par de degenerados se alegran de la vuelta al cole”, pensé
Pero en lugar de eso dije: “si mi amor, y vas a ver qué bien te va!”
Para mis adentros pensé mil cosas: “¿cómo será la nueva maestra?, ¿será comprensiva, cercana…?”  sin embargo solté “te va a tocar una buena maestra, que te enseñará a leer como los niños grandes!”
Como trato de ser una madre contenedora le aseguré que la niña que el año pasado se negaba a jugar con ella no estaría en su salón y que este año la maestra utilizaría otras estrategias para controlar el grupo distintas a gritar. Se quedó muy tranquila y yo he pasado la semana como un niño de 8vo grado que no quiere empezar el colegio.
La semana transcurre sintiéndome mala madre, naturalmente.  

Imagino a todas esas madres que hace meses compraron la lista del material escolar, que tienen los uniformes planchados, cuyas niñas ya fueron a la peluquería para llegar lenas de lazos, y la noche antes están plácidas mientras yo coso el pantalón que compré ese día porque le queda largo. Como mi neurosis es grave, empiezo a rezar para que la niña que no deja jugar a Victoria no esté en su salón y para que no le toque por nada del mundo una maestra que grite, pues lo único que Victoria pide es “un salón silencioso”.  Verbalizo mi sentimiento sobre lo mal que me siento y mi esposo suelta: “Ajá, a ver si ahora a va a ser que somos malos padres, nosotros, que leemos cuentos todas las noches, que estamos con ella todo el día, que nos reímos, que me siento a jugar con lego toda la mañana de domingo, Lo que faltaba! que como no llevamos a la niña a la peluquería el día antes somos malos padres!. “
Perfecto. No solo me siento mala madre sino mala esposa, tan injusta que con este hombre capaz de hacerle trencitas a la niña si hace falta.
Mi marido y yo nos miramos. Hay cuatro salones de preescolar. Cuatro maestras. Existe un 25 % de probabilidades de que le toque la famosa maestra “brava” de la que tanto se comenta. Nos vamos a dormir con ese dato. En caso de que nos toque el numerito, mi marido promete hacer de pater famili y enfrentar a la coordinadora para exigir un cambio. Yo me tranquilizo, pensando que èl, con su 1,82 y 95 kg enfrentarà a la coordinadora. Los argumentos son secundarios, lo importante, como en los patios de colegio es la fuerza.
Esta semana fue la prueba de fuego.
El acto de inicio del año escolar (porque es un acto) comienza con breves discursos de un montón de gente. Los niños pequeños con ansiedad de separación se pegan a las rodillas de sus padres y los grandes se aburren. Los padres miramos el reloj porque se hace tarde, pero la directora insiste en darnos la bienvenida, asegurarnos que somos un equipo y prometernos calidad educativa por encima de todo.
Nombran por salón y por orden alfabético. Pasa 1er nivel, 2do nivel y empieza tercer nivel. Victoria juega feliz con una de sus grandes amigas, ajena a mi lucha interna.
El orden alfabético es implacable.
Ya por la “L” me palpita el corazón. Michael se empieza a arrancar los pelos de la barba. M… N… y P. Suenan las fanfarrias. No es Victoria. Pero ocurre algo maravilloso, la primera parte se cumple: la niña que no la deja jugar estará en otro salón! la han nombrado! Victoria no ha escuchado nada, pero yo, su madre protectora se que al menos esta vez, tengo una pequeña victoria escolar como cuando Oliver tocaba en otro salón durante mi primaria! Bravo!!
Ahora solo falta que este otro fantasma infantil de mi infancia no le toque a mi hija: la maestra “brava”
Siguen nombrando, ya a estas altura no hay manera de que mantenga una conversación amable, sólo el corazón a millón.
Michael y yo nos miramos
Los niños de la maestra-brava están completos!
No le tocó a Victoria!
Nos abrazamos! Michael está rojo como un tomate de la emoción, Victoria no entiende nada pero le parece muy bien que papá y mamá estén tan contentos y grita “Abrazo familiar!”
Ahora ya sabemos que le tocan unas perfectas desconocidas, con aspecto gentil que serán las acompañantes de nuestra hija en este año clave para aprender a leer, escribir, sumar…. y sobretodo para amar el proceso de aprendizaje.

Mi neurosis materna acaba bien. Soy capaz de mantener mis fantasmas a raya para que no estorbe a mi hija. Tienen la delicadeza de vivir en mi psique, mi miedo a una maestra “brava” y mi dificultad para competir es mía, no de Victoria… Ocurre algo fantástico, como cada septiembre: podemos volver a empezar.

Si tus fantasmas infantiles sobre el colegio aparecen, no les tengas miedo, vívelos, comentalos en el marco de tu vida adulta… y deja a tu hijo al margen para que disfrute y viva su propia historia!!

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