Terapia Familiar, Vivencias de una psicoterapeuta
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Psicoterapia a 37 grados

El calor de la ciudad me hace menos productiva.  Me agobia. Me dificulta la entrada a la casa,  me pone irritable. Maximiza los defectos propios y ajenos. Me produce amnesia selectiva y borra durante un rato lo hermoso de un día armónico.  El calor me quita energía, me roba la risa y me lleva a un estado catatónico durante una rato al día. Hasta que la magia del aire acondicionado hace su función y me permite regresar a un estado más humano.



Tiene 16 años y me contaba que dormía en la misma habitación con su mamá y su hermana de 8 años. Me sorprendí, inmediatamente me planteé hipótesis edípicas. Exploro las razones que suyacen a tan curiosa conducta:

– Se me daño el aire

Se le daño el airé acondicionado del cuarto, algo así como no tener calefacción en un  invierno crudo, tipo Frozen.

A lo largo de la conversación logré entender que, de momento, en nuestra economía inflacionaria, no hay manera de arreglarlo, pues la reparación es algo así como el sueldo de su mamá a de un año. Un tono amargo me deja saber que papá, el minero, no colabora con estas cosas.

La psicoterapia podrá ayudarlo a orientarse vocacionalmente. A escoger esa profesión adecuada para ayudar a su mamá, “porque lo que mi papá pasa para nosotros no alcanza” . Lo que quiere es un buen sueldo, no para fiestas. Para pintar la casa, arregla el aire, y comprar “unos muebles como estos” dice señalando los sillones de mi consultorio. Siento ternura.

La psicoterapia lo ayudará a lograr autonomía y evitar la triangulación en la que vive desde que sus padres se divorciaron en la prehistoria  de su familia. Y lo ayudará a conscientezar que el no es el escudo de sus hermanas sino un hermano mayor que ama a su familia.

Pero no se si  podrá cambiar la cultura minera preponderante, en la que el minero, lleno de oro, comparte su ganancia caprichosamente y los que le rodean  quizás, si están cerca, si él quiere, serán tocados con su gracia.

Cada vez que tengo un adolescente varón frente a mi, en mi consultorio,  deseo por encima de todo que se convierta en un buen hombre, y si un día, siendo minero, lleno de oro, su hijo requiere de apoyo para arreglar el aire acondicionado, cumpla con su deber con amor y orgullo. Porque en esta tierra árida y caliente, dejar a este hijo sin aire acondicionado es como dejarlo sin cobija en invierno.

Y la psicoterapia no arregla el aire acondicionado, pero podría, quizás, acercarnos a nuestro lado más humano.

Me recuerda a la canción “Los caminos de la vida” en su versión original de Los Diablitos… Más sentida que la de Los Fabulosos Cadillacs, melancólica como el vallenato…

Yo pensaba que la vida era distinta
cuando era chiquitito yo creía
q las cosas eran facil como ayer
q mi madre preocupada se esmeraba
por darme todo lo q necesitaba
y hoy me doy cuenta de q tanto asi no es,
porque a mi madre la veo cansada
de trabajar por mi hermano y por mi
y ahora con ganas quisiera ayudarla
y por ella la peleo hasta el fin
por ella luchare hasta q me muera
y por ella no me quiero morir
tampoco q se me muera mi vieja
pero yo se q el destino es asi

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