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Nos vemos pronto – para Hector y Laura

Sobre las despedidas,

sobre los que se van y los que se quedan.

Vengo llegando del aeropuerto, mis amigos Hector y Laura se van a probar la vida en el cono sur.
Es una despedida breve, nos da tiempo para abrazarnos, agradecernos, bendecirnos y darnos consejos. Todo a la vez que nos contamos itinerarios de viaje, y acordamos las pequeñas cosas que nos quedan pendientes.

“Nos vemos pronto” como me dice mi mamá cada vez que debo montarme en un avión.

“Nos vemos pronto” es mi esperanza cuando me voy
“Nos vemos pronto” es la promesa que alivia mi angustia
“Nos vemos pronto” es mi gasolina para aguantar los viajes largos y tolerar las separaciones indefinidas.
Despedirse es un ejercicio doloroso y necesario, marca los cortes y sirve de acto breve y solemne que nos recuerda la gravedad de la situación.

Hector viaja con frecuencia y jamás voy a despedirlo al aeropuerto, pero esta vez es diferente. Existe cierta indefinición en el tiempo de retorno, por muy comprados que estén sus pasajes de vuelta. Son seis meses de prueba, seis meses en los que pasan muchas cosas.
Los que se van se despiden llenos de esperanza por la posibilidad de encontrar, quizás, aquello que buscan en su partida.
Los que se van también se despiden con miedo de no volvernos a ver, pues la despedida siempre entraña el riesgo de la tragedia, y  rondan las fantasías de oscuros monstruos que pueden dañar a nuestros seres amados.
Los que se van sienten un curioso alivio, como quien cruza la frontera antes del estallido de una guerra. Un alivio que mezcla la ingenuidad con la fe.
Los que se van sienten una culpa secreta, guardada en un cofre oculto, pues bien saben que los seres amados que se quedan pueden estar a merced de carencias o tragedias, y ellos, al llamado de “sálvese quien pueda” han acudido, han podido y han salido.
Los que nos quedamos, y esta vez me toca a mi, nos despedimos con fe en que Dios (para los que somos creyentes) y los que los rodeen sean generosos con los que se van y se encuentren protegidos “de todo mal”.
Los que nos quedamos también sentimos miedo de que el monstruo nos devore o que se acerque tanto que también debamos partir.
Esta vez me toca quedarme a mi, me ha tocado el ultimo abrazo, las ultimas lagrimitas y los últimos consejos antes de partir.
Y también el infinito agradecimiento a quienes me han recibido y cuidado con amor en esta ciudad árida y caliente en el que los pioneros se ayudan los unos a los otros a montar sus vidas.
Hector y Laura van al desierto. Deseo de corazón que puedan encontrar los ángeles de la guarda que alguna vez yo me he encontrado en mi proceso migratorio y que Uds. han sido para mi.
Así, el desierto no es tan árido y la espera de la próxima velada juntos no es tan larga.
Nos vemos pronto

6 Comments

  1. Romulo says

    Hola Rosario!!! Nuevamente me encontré con tu EXCELENTE blog y estoy super conmovido con este artículo sobre la despedida. Gracias por compartir tus consejos sobre el duelo migratorio, así como, tus experiencias personales y profesionales que enriquecen este tema del cual se habla poco.
    Saludos desde Maracaibo!!

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    • Querido Romulo, muchas gracias por tu comentario. Aqui, desde Puerto Ordaz la migración sigue tocandome de cerca y trato de escribir sobre ella (y otros temas) para sacar lo mejor de los procasos que nos han tocado. Te mando un gran abrazo, lleno de cariño!

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      • Miguel arbujas says

        Hola rosario soy el padre de un adolescente de 14. soy de barquisimeto, (Venezuela) y él emigra con la madre a EEUU. No se si decirle lo mal que me síento o mentirle apoyándolo como si no me afectara. Él está muy feliz y parece que no le afecta. Él vivió conmigo toda su vida hasta hace 2 años que se fue con la madre.

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      • Hola Miguel, gracias por tu visita a mi blog. Te cuento varias cosas, la primera es que sentirse feliz por una nueva aventura es completamente normal en un adolescente. No significa que no te quiera, que no le afecte dejar de verte o que no le de importancia a tus sentimientos. Está completamente centrado en su plan, su ilusión y su idealización del futuro. ¿quién no lo ha estado a esa edad?? ¡Es normal que esté así! Le pasaría lo mismo si se fuera a Caracas a estudiar. Con los hijos la verdad es siempre lo mejor: tienes sentimientos encontrados. Por una parte te alegra verlo crecer, ser independiente, verlo ilusionado, y saber que tendrá muchas oportunidades. Por otro lado te entristece no verlo y lo puedes evitar. Creo que como padres les enseñamos mucho cuando les hacemos saber que aunque nos entristezca no tenerlos cerca, somos generosos y lo más importante es su bienestar. Muestra las dos caras de tus sentimientos, y evita culpabilizarlo. Plantealo como un reto al que se enfrentan: mantener el vínculo profundo y amoroso aunque vivan lejos. Una cosa más: aunque lo veas grande, fuerte, y muy avispao es aun pequeño. Aun te necesita. Aun tu eres el guardián de ese vínculo y es tu responsabilidad mantenerlo. Requiere de disciplina de tu parte, de constancia y de saber que la adolescencia es un período de mucho cambio pero que necesita de tu presencia continua (asi sea virtual) para salir airoso ¡ Mucha fuerza!

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