Antes de emigrar, Blog de una psicoterapeuta, Emigrar en pareja, Psicología para emigrar
Comments 3

Migrar en pareja: amor solidario

Migrar en pareja: asunto solidario

Migrar en pareja: asunto solidario

Cuando salí de Venezuela a iniciar una vida con mi recién estrenado esposo esperaba una enorme cantidad de cosas de él. Estaba convencida de que era el mejor de todos los esposos posibles, obviamente,  me había casado con él!

Dejaba mi vida completa; mi familia, amigos, carrera, proyectos, todo! Venezuela entonces, a pesar de todo, seguía prometiendo y yo jamás me había planteado emigrar. Fue la decisión de una pareja joven que escogió Cádiz para comenzar.

El vuelo duró unas horas, y el 10 de marzo estaba en una casa que no conocía pero era mía, con algunas cajas, 4 maletas y un montón de muebles que rápidamente bautizamos como “los muebles de la señora” para referirnos a esos trastos que nuestra casera tenía, y que nos servirían para empezar.

Ese mismo día, sin saberlo aún, mi recién estrenado esposo se convertía también en mi única familia, en mi único amigo, en mi compañero de trabajo, médico, traductor, chofer, asesor de modas, muchacho de los mandados, pañito de lágrimas, editor de textos y todo aquellos roles que yo había perdido al dejar mi patria. Afortunadamente no tuvo que ser mascota, porque teníamos un perro que sigue  asumiendo ese rol!

Muchas veces escuchamos de parejas que tras el proceso migratorio viven una crisis, que a veces, no superan. Cada pareja es un mundo único, especial y tiene antecedentes que podrían propiciar una separación en cualquier momento. Pero siempre me pregunto por qué esa crisis se desata justo cuando están lejos, cuando más se necesitan el uno al otro.

Cuando emigré, pasadas unas semanas, sabía que el hombre escogido no sólo era como yo lo esperaba, sino mucho mejor! Esta gran fortuna no se debía a que era caballero, detallista, o le gustaban la buena mesa  (que  también) sino a que descubrí rápidamente en él algo que resultó ser la clave de nuestro inicio como pareja que se fundaba lejos de la familia de origen, y con otros referentes culturales: me encontré con una pareja solidaria.

Solidario cuando lloré de melancolía.

Solidario cuando lloré de frustración.

Solidario cuando sabía que a diario hablaba una hora con mi mamá.

Solidario cuando salimos a comprar ropa de invierno y yo no sabía que ponerme.

Solidario cuando me explicaba esas sutilezas sociales que no entendía.

Solidario cuando se daba la tarea de recorrer miles de tiendas en las que yo solo paseaba y observaba, tratando de comprender una nueva estética.

Solidario para enseñarme a tolerar la distancia, aprender a despedirme y saber que mi prioridad siempre era viajar a encontrarme con los míos.

 

Siempre que sé de uno estos casos en los que la migración parece arrasar con la pareja, no pienso en el amor, ni en el deseo sexual, ni en la fidelidad, ni en la lealtad con la familia de origen. Pienso en el valor de la solidaridad.  Me pregunto si han sabido ser solidarios; si han podido comprender el duelo migratorio de cada uno, si han sabido reconfortarse mutuamente por la pérdida de su propia identidad y apoyarse para la nueva construcción.

El paso más importante al “migrar en pareja” es reconocer, de golpe y porrazo, que la persona con la que se migra se convierte en todo. Y no siempre estamos preparados para ser todo para alguien y a pedirle todo a la misma persona. Al transitar esta primera etapa no basta con amarse mucho,  es necesario ser solidario. Ese proceso es temporal si nos adaptamos sanamente, pero no lo podemos omitir. Es parte ineludible del proceso y si queremos saltarlo aparecerá en forma de rencor y resentimiento cuando se presenten otras crisis.

Si no somos conscientes de esto podríamos suponer que el impacto de las peleas “normales” es igual que cuando teníamos toda nuestra red de apoyo a disposición,  cuando nuestro rol laboral y social estaba claro, cuando nuestra familia estaba allí cada fin  semana para servir de aceite o excusa cuando había un conflicto. El impacto de  “peleas normales”, diferencias y desaires se amplifica, entre otras causas porque no hay nadie mas.

Con el tiempo, con la construcción de una red social y re-construyendo parte de la identidad individual puede que la pareja nuevamente retome el oxígeno, pero en un  primer momento,  antes de montarse en el avión, es conveniente pensar en eso.

Cuando migramos nuestra pareja requiere de un esfuerzo adicional, no sólo por amor, sino por  solidaridad.

Gracias @michelpetri…

3 Comments

  1. Pingback: Cómo manejar la convivencia entre dos familias en una misma casa | Contratransferencia

  2. Pingback: La pareja transcultural (I): dos culturas en la misma cama | Contratransferencia

  3. Pingback: Contratransferencia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s