Psicología para emigrar, Vivir en otro país
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Plantarse frente al Duelo Migratorio

Hace unos años, viviendo en Mallorca, mi gran amigo Sergio me preguntaba

¿Rosario, qué es lo que más extrañas de Venezuela?

La pregunta no era sobre la familia o los amigos, que sería una obviedad. Me preguntaba sobre el país.

Se me vino a los oídos el sonido que más echaba de menos: el de los niños, en multitud, saliendo de la escuela. El olor de cabecitas sudadas que salen del patio de algún colegio, los niños que corren, te empujan sin querer y van a sus casas. Esas manadas en las que rapidamente, entre risas, descubrimos que somos un país con muchos más niños que adultos. Era un sonido lo que extrañaba. En Mallorca yo caminaba por las calles, recorría lugares hermosos, había muchos parques bonitos para niños, pero yo extrañaba la risa de los niños en su conjunto. Me parecía realmente raro el silencio casi adulto de los parques. Y los pocos niños que veía en la calle.

Esa conversación me hizo contactar con otras pérdidas. Mi recuerdo de la risa de los niños me hizo

Llegamos a extrañar las cosas mas inesperadas

Llegamos a extrañar las cosas mas inesperadas

recordar el trabajo que dejé cuando migré. Gran parte de los proyectos sociales que coordinaba iban dirigidos a niños de escuelas populares en Caracas. Con frecuencia visitaba escuelas, hacia talleres con maestros, actividades con estudiantes. La forma de relacionarnos era muy curiosa: desde el ambiente académico formal hasta la camaradería estudiantil. Esa pauta de relación en la que me sentía tan segura había desaparecido, dando lugar a relaciones en las cuales simplemente no entendía cómo debía comportarme.

Pasaba mucho tiempo tratando de comprender esa rara manera que tenían los mallorquines de relacionarse, afanada en sentirme integrada pues no concebía otra manera de vivir. Hice un curso de catalán, intenté comprenderlos leyendo sus conductas en “clave venezolana”, y finalmente la convivencia, la psicoterapia y la lectura hicieron su efecto. Viví el reto de adaptarme sin perder identidad.

Para que el duelo nos salga en forma de somatizacion o de agresión (conflictos con las personas locales, con la pareja, con los hijos) o se convierta en depresión, creo que vale la pena plantarle cara, y mirarlo de frente.

Durante mis tiempos de Mallorca trabajé en una asociación que aglutinaba a inmigrantes de origen latinoamericano en Baleares. Esto me permitió acercarme a los que era más cercanos a “mi gente”. Durante una reunión de equipo, una de las compañeras (una joven de ventipocos años que llegó a Mallorca con 11 años) estaba bromeando acerca de algo de trabajo. Mientras se reía, me tocó. Era un roce simple, casual, muy típico de las conversaciones entre mujeres latinas. Fue como devolverme la vida. Llegué a casa conmovida pensando en el tiempo que hacía que no me tocaba una amiga.

Había logrado adaptarme lo suficiente como para mantener la distancia física apropiada en mi país de acogida, pero extrañaba horrores ser tocada en una conversación entre amigos. Durante muchos meses fui contactando con diferentes momentos en los que emergía mi auténtico duelo, mi tristeza y a veces mi angustia por hechos simples de la cotidianidad.

El duelo migratorio no sólo tiene relación con las personas que dejamos. En este artículo podrán detallar los siete duelos que vive un inmigrante, igualmente intensos que requieren su proceso de elaboración.

  • Duelo por la lengua
  • Duelo por la cultura
  • Duelo pro la perdida de paisajes
  • Duelo por la perdida de estatus social
  • Duelo por la perdida de contacto con el grupo étnico de referencia
  • Duelo por la perdida de la seguridad física

Cada uno de ellos es importante, y aparece muchas veces a traición,  cuando menos lo esperamos. Otras veces surge como un gesto casi maleducado y malagradecido con el país que nos recibe. Surge en un sentimiento de estar incompleto, de que algo te falta… y te debates entre “aquí lo tengo todo y allá está todo mi todo”.

Asumir que la saudade nos visitará de vez en cuando, y que nos pertenece, tanto como las alegrías únicas e irrepetibles que nos da el lugar que nos recibe. Darnos cuenta que nuestro duelo no está relacionado únicamente con ganas de volver, y respetar y comprender cuando vemos el duelo en nuestra familia y pareja. Es un duelo que no se consuela con “aquí estamos mejor” o con frases superficiales de autoayuda. Ni tampoco se soluciona negando todo contacto con nuestro origen. Es un duelo profundo y sincero, que nos lleva a hacer arepitas o a llorar cuando cantamos “Ay que noche tan preciosa”…

Si me preguntara ahora Sergio qué extraño de Mallorca,  ahora que han pasado unos años de haberme ido de la isla, diría sin dudar que extraño la brisa de primavera, la ensaimada que casi a diario compraba a la salida de mi trabajo, y sin duda alguna su solidaridad discreta y mallorquina que forma parte de la historia de nuestra familia.

Saudade de la Bahía

 

 

 


¿Cuando el duelo migratorio se convierte en un problema?

No se trata de no transitar por el doloroso camino del duelo, sino de hacer un camino saludable en el que podamos aprender a aceptar nuestras pérdidas sin que esto impida nuestra vida presente.

Como cualquier duelo mal resuelto, el duelo migratorio no elaborado puede dar paso a síntomas clínicos de importancia que pueden derivar en algún trastorno que requiera atención especializada como la depresión, ansiedad, fobia social, trastornos somáticos, e incluso episodios psicóticos.

A continuación señales de alarma que deben ser consideradas para buscar ayuda profesional, una vez que la familia se ha trasladado de ciudad/país

En niños:

Conductas regresivas

Insomnio

Perdida del control de esfínteres

Temor a situaciones u objetos concretos

Bajo rendimiento escolar

Oposicionismo

Tristeza manifiesta

Mutismo

Ansiedad

Cambio en el patrón de alimentación

 

En adolescentes y/o adultos

Tristeza

Insomnio

Somatizaciones

Poco o nulo contacto social con personas de su edad

Ansiedad

Cambio en el patron de alimentación

Ausencia de proyectos personales para el futuro

Consumo de drogas

Ideas suicidas (igualmente alarmante en niños)

Sí estas fuera de tu país y algo de esto te ocurre,  quizás necesites ayuda profesional. O posiblemente,  al buscar ayuda para tratar alguno de estos síntomas, sea necesario considerar el duelo migratorio como parte del proceso.

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