Crianza, Vivencias de una psicoterapeuta
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Maltrato, tipos de apego y violencia urbana

Me siguen llegando a la consulta niños y niñas que han sido criados bajo un esquema violento, víctimas de la negligencia de sus cuidadores y del maltrato físico y verbal.  Hoy conversaba con una madre* envuelta en una de estas situaciones. La violencia en la crianza de sus hijos estaba tan naturalizada, que producía escalofríos

“No, no es maltrato, eso era antes. Lo que pasó es que el papá lo agarró por la camisa, así ¿ve?, lo empujó y le preguntó: ¿qué pasa, ah?  Si sigues así te voy a partir la cara”.

Maltrato, trastornos del apego y violencia urbana

Maltrato, trastornos del apego y violencia urbana

Sonaba convincente, tomando en cuenta que ya hace unos años le dejó una cicatriz en la ceja y el labio. Pero son de la época en que lo maltrataba, ya no.

Pedía orientación para manejar una situación: su hijo de 11 años ha intentado asaltar a sus compañeros de clase.

En el colegio, alarmados, se encendieron todas las alarmas. Yo, en silencio agradecí la humanidad de quienes están al frente de la institución, e insulté a este sistema que obliga a esta mamá de bajos recursos a pagar una consulta privada de psicología que es muy cara.

Es una de esas millones de madres que siguen repitiendo el esquema del maltrato sin saber que su consecuencia es un patrón de apego. Sí, de apego.

Miles de madres en el mundo, empoderadas y conscientes, pregonan el apego seguro como la forma más saludable de criar. Soy una de ellas, cautivada y conectada con mi identidad materna y femenina, me he integrado a ese movimiento humano que pretende, al menos, hacernos conscientes de nuestras elecciones como padres.

La madre con la que hoy conversaba, repetía un patrón de apego, pero no ese apego seguro. El mismo Bowlby que describió el apego seguro describió otros tres tipos de apego: el apego evitativo, ambivalente y desorganizado. Y existe en el (odioso) manual de enfermedades psiquatricas DSM 5 un trastorno llamado Trastorno Reactivo del Apego. En palabras sencillas: nuestra forma de vincularnos con el otro puede estar enferma, muy enferma o gravemente enferma si mamá no se vincula con nosotros de manera sana.

En psicología del desarrollo (mi materia en la UCAB)  me tomo el tiempo para “desmenuzar” esto. Uso esta guía, disponible en internet, creada por Niels Peters Rygaard* para formar a educadores que trabajan con niños institucionalizados. Es una guía completa para reparar (en la medida de lo posible) el patrón de apego, utilizando el cuidador como referente principal. Me duele mucho cuando veo que muchos niños tienen síntomas similares a niños que provienen de instituciones aunque siempre vivieron con sus padres.

Esta mamá pasa más tiempo buscando cómo alimentar a sus hijos que acompañándolos. Desconectada de su cuerpo y el de su hijo, al punto que ciertas prácticas que a todas luces son maltratantes no las registra como tales y mucho menos le da un peso emocional. Sólo, bajo la presión del colegio, logra buscar ayuda sin saber muy bien qué buscar, ni qué pedir.

Era obvio que no es una mamá que busque información sobre crianza en las redes sociales, que no sabe que existen grupos de madres que se vinculan para pensar en una forma de crianza diferente a la que vivieron. Que nunca ha leído ni a Carlos Gonzales ni mucho menos tiene cuenta de twitter. Sin embargo hizo el esfuerzo y busco una cita con la psicóloga.

Ella no lograba ver la conexión entre el maltrato recibido sostenidamente por su hijo durante años, naturalizado, y el que ahora infringe a sus compañeros. Es curioso, me tocaba hacer una labor psicoeducativa desde un rol cuasi docente, con una mujer que, como todas, ama  a este hijo que a ratos se le torna un extraño y que en ocasiones le da miedo.

Y empezamos.

Con dibujitos, así:

Nuestra forma de vincularnos con los otros se enferma cuando hay maltrato

 Ella asentía, hilaba mis explicaciones como tratando de armar un rompecabezas. Se trata de una mujer con una relación ambivalente con este hijo, a quien maltrata y por el que luego se deja seducir, porque sus ojos pícaros la conmueven.

Durante la sesión me pregunté si ella sería de estas madres que crean un patrón de apego evitativo. Ajena a las necesidades de sus bebés que, indefensos y confusos, no saben qué esperar, tornándose al poco tiempo en bebes aislados, que no esperan ni buscan el contacto y que construyen a su cuidador como un objeto. Exploré esta posibilidad, pero teníamos poco tiempo y honestamente no se si volveré a verla. La crisis económica aprieta, y duro.

La psicóloga se olvidó de la psicoterapia y se dedicó a las orientaciones psicoeducativas. Empatizó y explicó. Y mantuvo una posición ética frente al maltrato, porque cuando está en riesgo la integridad de una persona, sí tengo una postura.

Sé que ella no navega por la blogosfera, pero me gusta pensar, que si alguna vez lee este post, entienda que yo no dudo de su amor materno, pero *quiero* que pruebe a restaurar el vínculo con su hijo como medio para prevenir el desarrollo de conductas antisociales. Los terapeutas no solemos querer que sucedan cosas, esperamos que la gente descubra lo que quiere. Pero esta vez SÍ quiero. 

Temo que las categorías dignósticas existentes para este niño son insuficientes e inútiles para orientar el tratamiento. Etiquetas como “trastorno oposicionista desafiante” o “trastorno de personalidad antisocial” nos describen al paciente, incluso nos permiten hablar entre profesionales para entendernos mejor pero… mi hipótesis gira en torno al vínculo.

Me da miedo la falta de amor. Me da miedo, porque nos la encontramos en la calle vestida de violencia y criminalidad.


 *Siempre uso casos reales, con datos cambiados para ilustrar aquello que quiero explicar y a la vez proteger la identidad de quienes confían en mi confidencialidad.

** Si desean conocer más sobre este autor RECOMIENDO altamente su libro “El niño abandonado”, de publicado por Gedisa. Para una referencia completa sobre el libro, pueden leer este post de José Luis Gonzalo, psicólogo estudioso y terapeuta en el área de apego. 

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  1. Pingback: Niños e inseguridad ciudadana: el trauma a la vuelta de la esquina | Blog de una psicoterapeuta

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