Crianza, Relación con la madre, Relaciones familiares, Uso terapéutico de libros, cuentos y películas
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Elinor: la madre controladora

Madre controladora

Madre controladora

Durante años Disney decidió que lo mejor era que las mamás estuviéramos muertas y que la heroína de la película fragmentara su imagen materna en dos: la buena y abnegada madre muerta y la malvada y malintencionada madrastra que competía con ella en belleza y poder. Esta fragmentación, casi psicótica, fue recibida en los años 50´s por un público ávido de mantener lo bueno y lo malo en cajones diferentes, “como Dios manda”.

Pero cuando Disney nos revive, hasta nos pone nombre!

Fíjense qué curioso: cuando decide ponernos nombre y hacer notar a la madre en tiempo real escoge el rol de madre controladora. Ya antes con Madre Gothel lo hizo en cierto modo. Pero finalmente Madre Gothel no era la madre biológica de Rapunzel y su efecto era otro. En Valiente, nos viste de verde, nos ata la melena y nos planta dignamente como la Reina Elinor.

Yo me echo a temblar cuando pienso en Elinor. Ella es la madre de Mérida, una princesa aguerrida, de arco y flecha que no se quiere casar con esa lista de pretendientes impuestos por una tradición que la anula.

A mi hija y a mi nos cautivó Valiente (Brave, 2012), salimos del cine entusiasmadas y tenemos camisetas, set de muñequitos y hasta la peluca roja con su arco y flecha. He tenido en casa una hija arquera, hasta que comenzó a cantar “Libre soy”. Esta historia fue especial para mi,  justamente porque es una historia de la relación madre-hija en la que ocurre una transformación vital para que la relación entre estas dos protagonistas sea profunda, íntima y duradera. Si no se produce el reconocimiento mutuo como seres individuales y diferentes, ambas quedan destinadas a ser de especies diferentes, incomunicadas y lejanas, como los osos y las personas.

madre controladora 4

 

Elinor controla, y controla a tal punto que Mérida sólo tiene un espacio de diferenciación cuando suelta esa melena roja, tan rebelde como erotizada, y se aleja de la casa familiar. Elinor tiene una seria dificultad para escuchar y valorar las propuestas de esta hija, para aceptar  y comprender su necesidad de diferenciación. Elinor desea verse a si misma en esta hija, intentando anularla , sin éxito, afortunadamente!

El momento cumbre del proceso de diferenciación se puede ver claramente en la escena de este video, que cada quien puede replicar en su casa un día cualquiera.

Cuántas veces, como Elinor, no decimos :

– ¿Qué estás haciendo?

– Ya basta!

– Ni se te ocurra dar un paso más.

– Te lo prohibo

Sin siquiera preguntar qué paso quiere dar y por qué.

Curiosamente la petición de Mérida no es deshacerse de su madre. No va a una bruja para que la envenene. No, sólo quiere que la cambie.

A veces me pregunto qué hay detrás de nuestro afan de control como madres. Cada una tiene sus razones particulares, que obdecen a una historia lejana y profunda, sin embargo al igual que Elinor casi siempre el miedo acompaña estas razones. Mérida construye una imagen materna exigente, que la coarta y que le impide el desarrollo de sus propios talentos y deseos. Elinor se pierde de aprender otros aspectos de si misma que hasta ahora no había explorado. Sólo la aceptación mutua permitió un acercamiento profundo, y una exploración interior para que Mérida desarrollara su propio camino.

Cuando esta historia está a punto de terminar, Elinor acaba desnuda, cubierta solo por una manta, acompañada de sus hijos y su pareja. Es una imagen íntima, en la que se simboliza el desmontaje de todas las defensas que impedían una relación familiar auténtica.

La relación madre - hija requiere de un encuentro auténtico y profundo

La relación madre – hija requiere de un encuentro auténtico y profundo

El final de esta historia, que tanto me gustó no es el de un principe montado en un caballo que se lleva a la princesa, como Blancanieves. El final son dos mujeres, montada cada una en su caballo, escogiendo su propio camino.

Madre e hija en una relación sana se reconocen mutuamente

Madre e hija en una relación sana se reconocen mutuamente

Muchas veces soy la Elinor que controla, pero hago conciencia y pienso: al final quiero que Victoria haga su propio camino y yo quiero (y estoy haciendo!) el mío. Entonces, me parezco más a la Elinor despeinada que rie desnuda en la hierba y abraza a su hija, pero no olvido que para llegar hasta allí, de vez en cuando tengo que cuestionarme internamente y mi debate interior es rudo y amoroso.


Uso mucho esta pelicula como referencia en procesos terapéuticos con adolescentes que tienen conflictos con su figura materna. ¿te pasa que tienes conflictos con tu hija por necesidad de control?, ¿te cuesta su proceso de diferenciación? Elinor y Mérida son un espejo interesante…

2 Comments

  1. Realmente tengo que revisarme,estoy viendome como una madre controladora y quizas por e’sto ma’s ,la personalidad de mi hija rebelde y manipuladora,nuestra relacion entre ambas es bien tensa y di’ficil. Gracias por colocar este articulo.

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    • Lesbia, muchas veces, sin darnos cuenta y con la mejor intención, se nos hace difícil escuchar lo que nuestra hija quiere decirnos. Un primer paso es escuchar, evitando el juicio previo. Escuchar lo que desea… sentir que nuestra madre nos escucha es el mejor aceite para la relación. Poco a poco ella también podrá escucharte…y así conocerte!

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