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¡Julieta, estate quieta! – el cuento del niño que parece “hiperactivo”

¡Julieta, estate quieta!

¡Julieta, estate quieta!

Me sé de memoria este cuento desde que aprendí a leer. Podría recitarlo entero… Fui una niña tan inquieta como Julieta, de hecho, es casi un milagro que a los 38 años sea capaz de trabajar sentada durante horas.

La ratoncita protagonista de este divertidísimo cuento, Julieta, es la típica niña que sería traída a consulta por sus padres. Estoy completamente segura de que la consulta empezaría así:

Rosario: – Bueno, y cuéntenme, ¿qué les preocupa de Julieta?

    Yo tomaría mi bolígrafo, con cierta seriedad, después de todo, el motivo de consulta es crucial en un proceso terapéutico, aunque sea una consulta con una familia de ratones.

Papas de Julieta: –  Bueno Rosario, es que Julieta es hiperactiva. Primero se queda quieta, como pensando qué va a hacer y luego monta un desastre en toda la casa.

Rosario – Pero, cuénteme cómo es eso…

    Tendría que profundizar, la etiqueta de “hiperactivo” se ha popularizado tanto entre padres desesperados que no me sirve de nada, pues no describe la conducta de la ratoncita, ni tampoco me habla del contexto en el que ocurre.

Aquí empezaría el cuento, que seguro lo contaría la madre:

¿Es Julieta hiperactiva?

¿Es Julieta hiperactiva?

“Al pequeño Salustiano,

le dan de cenar temprano

Y papá juega con Flor

Porque es la hermana mayor

Y mientras tanto,

Qué hace Julieta

Esperar y estarse quieta…

– Pues ya no me da la gana!

Y da un golpe en la ventana…”

Y así, seguiría el cuento de los padres de Julieta, que como son unos ratones muy creativos y graciosos, me contarían en verso las conductas que Julieta presenta, mientras todos los miembros de su familia están en “otra cosa”.

Desde luego que eso de gritar “Pues a mi no me da la gana!” es bastante molesto, y luego dar un golpe en la ventana, madre mía!! Pareciera que, lógicamente, Julieta debe ir al psicólogo.

Lo que quiere es llamar la atención! –  sentenciaría la madre de Julieta.

   Yo, que soy muy vanidosa, también adoro llamar la atención… sobretodo la de mis seres más queridos. Realmente llevo muy mal que no me dediquen ni una mirada amorosa a lo largo del día, pero no lo confesaría abiertamente, porque soy vanidosa, pero no tanto.

Una vez escuchada esta historia, divertida y amena, podría explorar con estos papás-ratones qué ocurre que intentan continuamente atender otras cosas, sin mirar a Julieta.

A veces exigimos a nuestros hijos que se autorregulen. Llegamos al extremo de que no somos capaces de ver que, en muchos casos, son nuestras conductas y sentimientos los que activan las conductas del niño. En vez de eso, los llevamos a la consulta (del psicólogo, del neuropediatra, de la psicopedagoga) con la intención de que sean los especialistas los que resuelvan este problema, sin que nosotros realicemos cambio alguno.

Cuando un niño desarrolla conductas inadecuadas como las de Julieta, nuestra primera misión es de detectives: comprender cuáles de nuestros sentimientos y conductas  propician sentimientos en nuestro hijo que luego expresa a través de conductas. La mayoría de las veces, las conductas obedecen a sentimientos… ¿cómo se sentía Julieta cuando sus padres estaban atentos a “otra cosa”? ¿ignorada?, ¿desatendida?, ¿furiosa?, ¿triste?…  (algunas veces, pocas afortunadamente, las conductas inadecuadas se manifiestan por factores orgánicos y requieren de una evaluación exhaustiva )

¡Julieta,  estate quieta! nos narra la historia de una pequeña ratoncita que, pasaba mucho tiempo sin ser mirada por sus padres. Desarrolló los típicos síntomas asociados al trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), hasta que, tras un episodio sorprendente, sus padres posaron su mirada sobre ella, buscando opciones, soluciones y dándose cuenta de que, sin Julieta, la familia no está completa!

Libro muy recomendado para niños y para padres!


¡Julieta, estáte quieta! – Rosemary Wells – Editorial Altea,

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