Familia multicultural, Psicología para emigrar, Vivir en otro país
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Reencuentro familiar después de emigrar; volver a casa por Navidad

Ya estamos en diciembre. Muchas familias de emigrantes aprovechan la Navidad  para visitar a sus familias en los países de origen o para recibirlos en el país de acogida. El reencuentro familiar es  un momento añorado, que suele ser preparado con ilusión, pero en ocasiones también con ansiedad y hasta temor. No es para menos, volver a casa conlleva una  carga emocional tan alta que puede llegar a ser explosiva.

Viajar para ver a la familia

Viajar para ver a la familia

Una vez comprado el pasaje para visitar a la familia la emoción es abrumadora. Para muchos emigrantes ha pasado mucho tiempo desde la última vez que visitaron su país. El vaiven emocional es tremendo. Mientras se prepara el reencuentro familiar se compran regalitos para la familia o juguetes para los nuevos bebes que aún no se conocen, pero que desde hace meses se sueña con cargar.

La situación debería ser idílica: abrazos, entrega de regalos, risas, compartir, y un tiempo indefinido de amor familiar.  Publicaremos milies de fotografías en FB e Instagram rodeados del paisaje de nuestro añorado país, de la entrañable familia, de los viejos amigos y de una suculenta comida, repleta de matices propios, que ya casi podemos saborear. Cuando volvemos por primera vez en muchos años, el corazón late con fuerza desde el momento en el que tenemos en las manos nuestro pasaje.

Encuentro con la familia en otro país

Encuentro con la familia en otro país

En el otro extremo están las expectativas de quienes nos esperan; los padres, hermanos y familiares que llevan meses preparando el reencuentro.

Lo que dejamos atrás al emigrar ha cambiado en cierto modo: nuestros padres han envejecido, han ocurrido bodas, nacimientos, cambios de trabajo, divorcios, mudanzas, y miles de eventos vitales … y otras cosas permanecen en el mismo sitio desde la última vez que las tocamos: amores y lealtades, pero también puede haber  rencores, secretos y algunos viejos conflictos que no se solucionaron solos con el simple paso del tiempo.

En ese marco ocurre el ansiado reencuentro familiar, del que deseamos salir fortalecidos como personas y como familias. Si estás a punto de encontrarte con tu familia después de emigrar, estas reflexiones pueden ser de utilidad:

1.- Cuestionar el cambio aleja, manifestar el deseo de re-conocimiento acerca

Las personas envejecen, los hijos cambian de estilo de vestir, los niños dejan de ser los tiernos sobrinos para convertirse en adolescentes, las casas también cambian, de color, de decoración. Los espacios se utilizan de otra manera, los vecinos se mudan, el cuarto de la infancia ahora es usado por otra persona… Es importante respetar los cambios que operan en nuestras familias.

Ante cambios que nos resulten muy llamativos o impactantes por su profunda carga simbólica, escuchemos y preguntemos con respeto. ¿Por qué nuestro cuarto ya no es nuestro cuarto sino el estudio de mamá?, ¿por qué mi nieto bello que hace dos años era un niño adorable ha llegado a visitarme con un zarcillo y el pelo largo?, ¿por qué mi hermana que dice estar loca por verme tarda dos días en aparecer por casa de mis padres? ¿quién es ese nuevo novio de mi prima?, ¿por qué ahora te vistes y hablas como un extraño?, ¿siempre te ha gustado comer mis empanadas fritas cómo que ahora quieres todo al horno?, ¿por qué criticas mi forma de conducir?

Tenemos miles de preguntas que podrían entrañar una fuerte crítica a la persona a la que van dirigidas, sin embargo, desde un punto de vista más profundo y humano, simplemente es una forma de decirnos “Ya no eres el mismo, quiero re-conocerte y no se cómo”. Cuando las preguntas son flechas, hieren. Cuando somos capaces de expresar el deseo íntimo de re-conocimiento mutuo, nuestro relación familiar se hace cálida y dulce. 

2.-¿Llegas con un bebé que aun tu familia no conoce?

Es muy especial y muy relevante convertirse en padres lejos del cariño y las atenciones de la familia de origen … lo he vivido. Conté esta experiencia tan intensa en este post, pues merece una mención aparte

3.- Tenemos temas pendientes: ¿afrontamos o evadimos?

Necesitaremos hablar de temas importantes

Necesitaremos hablar de temas importantes

Muchas familias tácitamente consideran que viene solo para dos semanas, ¿para qué nos vamos a amargar hablando de “eso”?

Considero que aun las familias que mantienen una comunicación fluida y cotidiana en la distancia necesitas hablar personalmente de temas relevantes para todos. Tomar decisiones sobre dinero, conocer los detalles del estado de salud y el tratamiento de un familiar, escuchar con detalle los planes de un hermano, resolver un malentendido… son solo ejemplos de conversaciones que “están esperando” el momento del encuentro para emerger. 

Entre tanta visita y familias, con la casa llena de gente puede ser difícil encontrar encontrar el momento para hablar de “eso”. En todo caso es mejor preparar la situación para evitar que el tema salga justo en medio de la cena navideña delante de invitados, el abuelo y los niños.

Creo importante afrontar con madurez que para quienes llegan sólo de visita conversar estos temas le permite sentirse parte de, mantener vínculos profundos… sin embargo también es relevante reconocer que, el mismo hecho de no estar en la cotidianidad, lo coloca en otro plano.

No se trata de tener “menos peso en la familia” pero si de reconocer cuando, un consejo u opinión, compromete a los otros miembros en responsabilidades que quizás no esta en sus manos cumplir. El tiempo limitado nos impone la agenda: nos invita a hablar, a usar nuestro tiempo con madurez y a reconocer cuando una conversación no va por buen camino y requiere de una dosis extra de amor para que llegue a buen puerto. Si vivimos lejos, y nuestra familia tiene un problema pueden ser útiles las reflexiones de este post.

4.- ¿Son vacaciones o visitas familiares?

Prepara tu encuentro familiar y organiza tus vacaciones

Prepara tu encuentro familiar y organiza tus vacaciones

Cuando volvemos a nuestro país de origen es posible que deseemos gozar también de los pocos días libres que tenemos en un año. Sin embargo, la agenda de visitas y compromisos comprimida en pocos días puede requerir de tanto esfuerzo que termine por ser agotadora. Cuando en la visita se combinan el encuentro con la familia propia y la familia política, la situación puede llegar a ser muy exigente.

   Aunque en general soy partidaria de abrirme a la experiencia del contacto sin tanta planificación, es verdad que cuando quieres ir de vacaciones, descansar y desconectarte un rato es mejor escoger previamente. Si van en pareja, anticipen cómo afrontar las presiones de ambas familias y encarguense de organizar su propia agenda, incluida la parte vacacional. Escoger previamente permite prevenir conflictos de lealtad con la familia, y evitar malos entendidos del tipo: “yo pensaba que venías a vernos, había planificado que hiciéramos esto, tu tía Getrudis quiere verte y te vas a ir a la playa, yo también quiero ver a mi nieto tanto como la otra abuela…” y pare Ud de contar.

Si vas a recibir a un hijo o un hermano, tomate el tiempo para explorar antes qué prefiere hacer.

El primer viaje de reencuentro con mi familia yo lo viví con voracidad. Quería hacer de todo, comer de todo, ver a todos, llevar regalos a todos, hacer fiestas, irme de vacaciones, tomarme muchas fotos… Con el tiempo he ido aprendiendo a disfrutar de los encuentros que son posibles, pero dedicarme a ello con calma y entrega.

5.- Cuidado con las comparaciones

  Te harán muchas preguntas, y querrás contar muchas cosas. Existen muchas experiencias que son muy difíciles de explicar para quienes nunca han vivido en otro país y utilizar la comparación es un recurso fácil pero peligroso. En mi caso, hago el ejercicio casi espiritual de no comparar. La comparación como he dicho en muchos post sobre la migración, sólo resalta las diferencias.

   Comparar y colocar a tu país de origen en franca desventaja con respecto al país de acogida podría colocarte en una situación incómoda con hermanos, primos y amigos, porque implícitamente existe una descalificación  y no permite re-conocerte.

   A la inversa, colocar a tu país de acogida como desventajoso podría angustiar a tus padres. Me quedo con la postura de que simplemente son mundos diferentes y que en ambos requieren de habilidades y recursos diferentes. Siempre trato de explicar describiendo sin recurrir a “aquí es mejor que allá” o “allá es mejor que aquí”. El hablar de cómo nos sentimos al experimentar las diferencias permite un vínculo más profundo que simplemente hacer una enumeración de ventajas y desventajas tan obvias como riesgosas. 

6.- ¿Me siento extranjero en mi propio país?

Desde el primer momento en que salí de mi país me propuse no perder mis “competencias como venezolana” ni sentirme extranjera al volver. Ha sido una elección que me ha permitido desenvolverme con naturalidad cada vez que piso el aeropuerto y también al retornar. Sé como conversar, como conducir, como comprar, como hacer una vida cotidiana en mi ciudad.

Muchas personas al regreso podrían llegar a sentirse extranjeros, y como tales inseguros en su tierra. Esto puede suceder porque hace muchos años que no visitan su país y los cambios tanto del país como de las misma persona son muy relevantes y estructurales.

Otra razón que puede llevar a este sentimiento es que el proceso de adaptación al país de acogida ha supuesto también un abandono consciente o inconsciente de las propias costumbres (por ejemplo por vergüenza o a veces por necesidad).

Esto puede generar sentimientos ambivalentes en las familias: minusvalorar tu capacidad de cuidar de ti mismo en tu país o  frustración e ira por encontrarse frente a un extraño al que les cuesta re-conocer.

Cuando una persona llega a tener esta sensación de extrañeza en su tierra, el encuentro puede ser frustrante si no se confronta amorosamente esta situación. Escucharse y respetarse en el cambio es la única garantía de que el vínculo se mantendrá. Concentrarse con el propio cambio es la única manera de poder explicarlo y transmitirlo. Verás y sentirás cariños que se sostienen en la historia compartida, aunque en el presente no tengamos mucho en común. Este elemento cohesionador de las experiencias compartidas es el punto de partida para comprender las nuevas manera de relacionarte que mantienes con tus seres queridos.

7.- Sigue siendo tu país y el país en el que vive tu familia

Podría suceder que, al igual que tú, tu tierra ha cambiado mucho y que te cueste re-conocerte en ella. Sin embargo sigue siendo parte de tu raíz y sigue siendo el lugar que habita gente que amas. Respetar este hecho te mantiene unido a tus seres queridos y a una parte de tu propia historia.

Preguntas como “¿Pero por qué no te vas?”, o expresiones como “No se cómo puedes vivir aquí” (que antes usaba la gente que se iba del pueblo a la gran ciudad!) sólo son flechas a tus seres amados. Quizás es más sencillo, y más profundo expresar que, ahora, después de lo vivido, sabes que tu lugar está en otro lado, tanto como puedes re-conocer que las personas que amas encuentran en su país de origen una parte de si mismos que hay que valorar profundamente, más allá de condiciones materiales de un país.

8.- Las visitas se acaban, y cada quien retorna a su lugar

Como toda visita, ambas partes necesitarán regresar a la normalidad de sus casas. Quien te recibe necesitará nuevamente la rutina y quien debe volver, extrañará su casa y “sus cosas”. A veces la culpa y el desconocimiento de los propios sentimientos nos impide reconocer que este momento es necesario. Aunque tenemos meses o años deseando “estar en casa” o que nuestro hijos “regresen a casa”, tras el ansiado encuentro, aparece una sensación novedosa: esta ya no es “nuestra casa”.

Es la casa del encuentro, de amor, del dialogo, de la vida familiar, pero ahora, como ocurre en la vida adulta, cada quien tiene la suya y como es normal queremos estar en ella. Es cierto, quisiéramos estar más cerca… Vivirlo con naturalidad y con la consciencia de que nuestra familia se ha reconfigurado, nos permite cerrar el encuentro con madurez y la certeza de “nos vemos pronto”.

Deseo de corazón que cada familia que se re-encuentre esta Navidad pueda vivir esos días desde el amor, el contacto profundo y el respeto mutuo. Es el mejor regalo que podemos darnos.

Navidad en familia

Navidad en familia

 


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Pide tu cita: rovasque@gmail.com

Si el reencuentro familiar se convierte en  motivo de ansiedad, culpa o revive conflictos que deseas profundizar para sanar tu historia familiar, puedes escribirme a rovasque@gmail.com y te cuento cómo funciona  la Consulta OnLine

7 Comments

  1. Con respeto, cariño y sinceridad por delante, todo llega a buen puerto. Es peor guardarse las cosas y éstas vayan tomando un lugar que no corresponde, pues suele ocurrir que sacamos conclusiones erradas y nos veamos alejados de un familiar por no tener el suficiente coraje o madurez de afrontar un tema y no permitirle al otro exponer su punto de vista. Esto en cuanto a afrontar o evadir los problemas que se dejaron pendientes. Por lo demás, insisto, cariño y respeto por delante y todo saldrá bien.

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  2. Pingback: Reencuentro familiar después de emigrar; volver a casa por Navidad | Vida como Mamá

  3. Gracias por la visita. Muy interesante tu blog. No conozco muchas blogueras venezolanas, así que es muy lindo cada vez que encuentro una 🙂 Nos estamos leyendo.

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  5. Pingback: La Navidad cuando emigramos | Contratransferencia

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