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Niños e inseguridad ciudadana: el trauma a la vuelta de la esquina

Cómo ayudé a mi hija emocionalmente tras ser víctimas de la inseguridad

Finalmente nos pasó. Nos convertimos en una familia más víctima de la inseguridad que impera en Venezuela. Hace poco más de un mes una pequeña festividad navideña acabó con dos hombres armados despojándome de mi vehículo delante de mis amigas y de nuestras hijas, tal y como relata mi esposo en su blog. Lo ocurrido no es ni más ni menos dramático que lo que le ha pasado a muchas familias venezolanas (y que pasa en demasiadas ciudades latinoamericanas). Aunque no hubo agresión física, mi pequeña y yo tuvimos que hacer frente a unas heridas emocionales que hasta ahora nos eran desconocidas.

La importancia de prevenir el estrés post traumático después de ser víctima de violencia urbana

Atiendo a muchas familias que en algún momento han sido víctimas de la inseguridad. Los casos pueden ser más o menos duros, pero cuando llegan a consulta suele ser porque el paciente está rozando lo que técnicamente se llama Síndrome de Estrés Post Traumático. Dicen los entendidos en trauma que para que un evento sea realmente traumático necesitas dos golpes. Cito a Boris Cyrulnik, en su libro “Los patitos feos”

“Hay que golpear dos veces para que se produzca el trauma. El primer golpe, el primero que se encaja en la vida real, provoca el dolor de la herida o el desgarro de la carencia. Y el segundo, sufriendo esta vez en representación de lo real, da paso al sufrimiento de haberse visto humillado, abandonado, ¿Y ahora qué voy a hacer con esto?, ¿lamentarme cada día, tratar de vengarme o aprender a vivir otra vida, la vida de los cisnes?”

Mi experiencia como terapeuta es que los niños necesitan “elaborar” la situación. Al día de hoy, como madre, estoy más que segura.. Lo cuento en primer lugar porque necesito contarlo y en segundo lugar porque quizás pueda ser de utilidad a otras familias. A continuación,  lo que hicimos como padres:

1. Contuvimos, abrazamos, nos acompañamos

Después del robo Victoria, de 5 años,  lloró muchísimo. No lloró por la irrupción un hombre armado en el local en el que compartíamos con nuestras amigas, lloró cuando se dió cuenta, unos minutos mas tarde, de que fue robada. Lloró tanto que me rompía el corazón. La contuve todo lo que mi propio miedo me lo permitía. Se calmó mucho tiempo más tarde cuando, ya en brazos de papá, podía sentir que la familia estaba completa.

Esa noche pidió dormir con nosotros. Y nosotros sentimos necesidad de dormir con ella. Necesitamos durante unos días conectarnos con su fragilidad, su inocencia y su miedo. Las horas que siguieron al asalto era difícil diferenciar sus sentimientos de los míos, yo también me sentía frágil y vulnerable, pero obviamente ella, como niña, necesitaba de mí para poner en palabras lo que ocurría en su corazón.

2. Entendimos sus reacciones aparentemente “inexplicables”

Estuvo irritable y llorosa dos días. Y luego sobrevinieron varios episodios de ira tan extraños en ella como necesarios. Estaba molesta con aquellos que se habían llevado su carro. Molesta porque tenía que pedir a otros que la llevaran y trajeran. Molesta con esas personas “que no saben lo que es la amistad” a los que quería “pisar y darles un puño”.

¿Es mi hija violenta? No

¿Este sentimiento es coherente? Si

¿Quería como madre que nos quedáramos instaladas en la ira o el miedo? No

Acepté que teníamos reacciones normales ante un hecho normal. Para poder manejar esto me olvidé por unos días de lo socialmente correcto… No eran días para exigirnos a las dos actuar como si nada nos pasó. Queríamos dormir juntas, pidió no asistir al colegio, y yo no estaba en capacidad de atender mi consulta como habitualmente lo hago. No sentí miedo de que después fuera dificil retomar la rutina, simplemente acordamos que por unos días sería diferente.

3. Separamos la realidad adulta del mundo infantil

No caí en la tentación de llevarla a mi mundo adulto en el cual sé perfectamente que el carro es secundario. No hay nada hermoso en este hecho, por más que su mamá repita como un mantra “gracias a Dios estamos bien”. No lo hay, porque para mi hija de 5 años lo normal es estar vivos. La dimensión mística que yo le doy a este hecho tan terrible es propia de mi vida adulta, pero ella aún necesita creer en la vida y en que nadie se la arrebatará. Ya tiene suficiente con hacerse cargo de su propia ira y su propio miedo y además tener que darle significado a todo esto

La dejé en su mundo infantil en el cual la policía es buena y buscará a los malos que le hicieron daño. Las hipótesis adultas, que voy conociendo mientras transcurren los días, no son aptas para mi hija de 5 años. Su pequeño mundo psíquico aun no lograría comprender los reveses perversos de una historia en la que, quizás, la policía sea cómplice del hecho o alguien, necesitado de un carro viejo como el mío, decide hacer un “encargo”.

4. Separé sus sentimientos de los míos

Comprendí mis sentimientos y traté de diferenciarlo de los suyos. Yo sentí miedo, pero también agradecimiento. Mi hija de 5 años no alcanza a sentir agradecimiento, no siente la necesidad de agradecer por su vida porque siente (y así debe ser!) que le pertenece. Sentí mucha angustia y culpa por no poder protegerla. Creo que esperaba que yo estuviera tan molesta como ella. La verdad es que, honestamente, no lo estaba, ya pasé a engrosar la lista de personas que agradece el derecho a la vida en lugar de ejercerlo. Identificar esto ha sido importante, sus sentimientos y los míos difieren ante el mismo hecho (parece una obviedad, pero no lo es!) Cuando mostró ira (en tres ocasiones) se lo permití. Y en una de ellas le hablé de mi molestia, eso estuvo bien para las dos.

5. Nos acompañamos en la incertidumbre

Me preguntó:

– “Por qué ese malandro no trabaja para comprar su carro?, ¿por qué nos tenía que robar?”

– No sé

La verdad es que no lo sé. Podría manejar muchas teoría psicológicas. De hecho doy clase en un Diplomado de Intervención y Prevención de la conducta Disocial. Pero desde el rol de víctima mi respuesta es “no sé”. Y no voy a justificar un robo a una niña. Quizás exista un numeroso grupo de personas con un listado de justificaciones psicosociales que explican que esta persona tome un arma y coloque a mi hija en riesgo para llevarse mi carro. Pero yo no voy a participar en ello. A los 5 años robar está mal, y punto.

6. La escuchamos atentamente, sin juicios, sin interrupciones (esto ha sido muy importante para las dos)

Hablamos sobre el hecho tantas veces como ella necesitó, lo contó a las personas significativas de su entorno. Antes de que hablara con sus abuelos y tíos nos tomamos un momento para pedirles, amorosamente, que la escucharan antentamente y sin interrupciones. No es fácil escuchar un relato así en boca de un niño y resisitir la tentación de interrumpir su relato atiborrándolo de nuestras propias creencias al respecto. Pero nuestras familias respetaron nuestra petición y creo que el resultado es positivo.

En este sentido cuando Victoria contó el evento a las personas cercanas (abuelos, tíos) no la corrigieron, ni juzgaron su manera de hacerlo con frases como “no digas eso, que eso es malo”. Tampoco la asustaron con hipótesis terribles e incomprensibles para ella como “seguro que los estaba siguiendo”. No se la culpabilizó del hecho con las típicas frases como “¿pero qué hacían allí?. ¿No saben que en esa zona roban carros?”, “Eso les pasa por salir puras mujeres solas”

No recibió de parte de los adultos significativos amenazas como “si siguen saliendo por allí eso es lo que pasa” , “seguro ya saben donde viven, ahora quien sabe”.

7. Validamos sus sentimientos

Esos días validamos sus sentimientos, incluso aquellos que son tan penalizados socialmente como la ira. La moda de la autoayuda ha relegado la ira a niveles rastreros, pero la ira es un sentimiento necesario para crear mecanismos de autoprotección. No nos da derecho a violentar a nadie, pero sí nos permite marcar límites de lo que estoy dispuesto a tolerar y lo que no. Verla dar pisotones diciendo “No quería que me quitaran el carro!” es tan válido como ver sus ojos entristecidos por ir en un carro de una amiga dándose cuenta que ya no podemos ir a dónde queremos a nuestro ritmo.

Un par de días después del robo, mientras jugaba con otros niños, se sintió triste sin explicación alguna y no sabía cómo retomar el juego, algo que no le había pasado antes. Comprendí y acepté que no era “malcriadez” sino la versión infantil de “no estoy de humor para fiestas”.

8. Mantuvimos las representaciones de “lo bueno”

Permití que siguiera confiando en las representaciones de lo “bueno”. Aunque dudo que la policía se dedique a buscar mi carro, cuando me entregó un dibujo que pensaba que podía ayudar en la búsqueda lo recibí, con ternura y agradecimiento, porque yo no soy nadie para quitarle a mi hija de 5 años la confianza en el mundo.

Mantener representaciones de "lo bueno"

Mantener representaciones de “lo bueno”

9. Conectar con el agradecimiento, el valor del trabajo y la solidaridad

Pasados un par de días yo podía entender más lo que ocurría dentro de mi, y la ayudé a conectar con el agradecimiento con las muchas muestras de solidaridad que recibimos a diario. Con la bondad de las personas que nos quieren y nos hacen la vida bonita. Estas personas son tan auténticas como el que nos quitó el carro, existen, nos rodean y son parte de nuestra vida cotidiana.

La ayudé a conectar con la idea de que así como hemos trabajado para tener ese carro, también tendremos otro, porque los objetos se pueden sustituir. Victoria me preguntó si ahora pasaría menos tiempo con ella porque tendría que trabajar más para tener otro carro… sentí una ternura infinita cuando me mostró esta preocupación, pues para ella lo más importante es estar con nosotros. Prometí que haría todo mi esfuerzo por no tocar el tiempo que compartimos. Y también la ayudé a conectar con el sentimiento de agradecimiento mío con Dios (soy creyente) porque nos acompañó en ese momento tan duro. Me preguntó si Dios impide que nos pase algo malo (no es la primera vez que lo hace) y le respondí que no, pero que yo pienso que Dios nos acompaña y nos ayuda a afrontar las cosas cuando nos pasa algo malo y por eso rezo con fe y esperanza.

10. Me centré en mi propio proceso una vez que ella pasó página

Para seguir adelante le permití pasar la página cuando noté que ya no seguía hablando de esto y entonces necesité hablar yo. Yo necesitaba hablar mucho, con mi esposo, con mi familia, con mis amigos. Lejos de mi hija y otros niños. Sobre mis dudas, mis temores y mis decisiones frente a esta realidad abrumadora. Tomamos nuestras vacaciones de Navidad como un tiempo de conexión con lo bueno, y seguimos adelante sin pretender olvidar, sino integrando lo ocurrido a nuestra historia de vida.

No se si el Síndrome de estrés Post traumatico que se presenta con frecuencia en mis pacientes esté realmente fuera de nuestra vida familiar, pero de momento sentimos que hemos hecho de manera consciente aquello que creemos que ayuda a mantenernos emocionalmente saludables después de vivir una experiencia tan dura. Nos toca ser resilientes.

He compartido en estas líneas mi experiencia como mamá para abordar esta situación. Ojalá nadie necesitara leer esto. Ojalá las pérdidas ante la violencia urbana fueran sólo pérdidas materiales.

Pero los niños de mi tierra se enfrentan muy temprano a la violencia. O los acompañamos o terminarán naturalizándola.

Y no, no es normal.

10 Comments

  1. Mariela Hernández says

    Sencillamente magistral la forma como plasmaste este artículo, pero lo realmente magistral es la manera en la que afrontaste como madre, como ciudadana y como psicoterapeuta esta desagradable situación de ser víctimas en un imaginario que “se acostumbró” a olvidar sus derechos a ser, permanecer y a ejercer la paz.

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    • Gracias Mariela por tu comentario, y por visitar este espacio… quiero que mi hija aprenda a ser agradecida y noble… y también quiero que ejerza su derecho a la vida y lo defienda. Como tu misma dices: que aprenda a ejercer la paz… Debería ser posible!

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  2. Yilitzi says

    Impactada por tu experiencia y sobre todo como lo manejaste……….Y lo peor agradecer que continúan vivas y juntas ….Bendiciones

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    • Gracias Yilizi, gracias por tus bendiciones, bendecir nos conecta con lo bueno y después de una experiencia así, necesitamos rodearnos de la bondad de la gente!

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  3. Beatriz says

    Hola mi querida hija,lamento mucho lo sucedido,y creo que lo haz manejado como una madre psicóloga,por que no todos tenemos esa entereza!y además Victoria lo ha sabido manejar. Un beso para cada uno y espero que Dios y la Virgen me los cuide. Beatriz

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  4. Romulo says

    Excelentes planteamientos sobre como abordar la tensión generada por la inseguridad, especialmente, en lo que concierne a tu hija y como fuiste un “pivote” para ella ( y para los padres que también son víctimas junto con sus hijos).
    Creo que debemos saber aprovechar estas experiencias desagradables que nos toca afrontar, ya sea como una fuente para nutrir nuestra resiliencia o como otro espacio para ejercitar nuestros esquemas mentales e intentar extraer lo positivo, o sea, más pro-resiliencia.
    Gracias Rosario por este excelente blog!!!

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  5. Pingback: ¿Qué necesita saber un niño ante una situación de crisis social y política? | Contratransferencia

  6. Briza says

    Hola! Soy Brizaida de Mamá Posmoderna. Te confieso que me conmovió tanto que hasta lloré, lástima que no lo había leído antes… pero seguramente es ahora cuando debía hacerlo.
    Como te dije en Instagram, agradezco muchísimo tus palabras ya que me ayudan un montón. Ciertamente es muy duro por lo que estamos pasando y de allí la preocupación de uno, como padres y como guías que somos, de hacer lo imposible por orientar a nuestros hijos de la mejor manera. Te agradezco también el que me hayas sugerido que leyera tu post. Tanto así que no pude dejar de compartirlo en mi Blog. Lo acabo de hacer… Gracias infinitas Rosario. Un abrazo!

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    • Hola Brizaida! Gracias por aceptar la invitación a leer este post que escribí con mucho esmero y consciencia de madre y profesional. Es inevitable conmovernos, pues vemos que nuestros hijos enfrentan muy pronto la violencia en sus múltiples formas. pero confío en que la resilienciase imponga y que todo esto haga deellos seres humanos sensibles, empáticos y nobles. Graciaspor tus bonitas palabras, tanto en instagram como en tu blog. Recibe un abrazo, Rosario

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