Blog de una psicoterapeuta, Relaciones familiares
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Adolescentes y redes sociales: descubrir los límites, riesgos y posibilidades

“Yo no se cómo pueden ser “amigos” si nunca se han visto. Desde las vacaciones pasadas se conectan más de dos horas diarias… élvive en Argentina, y ahora ella sueña con ir hasta allá…”

“Se la pasa horas de horas con el fulano guasap (wassapp) Hasta que me cansé y le registré el teléfono. Me di cuenta que un muchacho que ella conoce de otro colegio le envió fotos pornográficas!!! esto terminó muy mal, no sabía qué decirle. Le grité… le quité el teléfono. No se qué hacer, mi hija solo tiene 12 años y ese muchacho 16”

“Ellos creen que soy más grande, ven mi foto en el pin y me dicen cosas, yo creo que tienen como 20 y creen que yo tengo 16 jajaja… depués yo los dejo ahi. Son muy pasados, pero yo se cómo es todo” (AEB 12 años)

 

La adolescencia 2.0

La adolescencia 2.0

Con frecuencia llegan a mi consulta padres preocupados por la forma en la que sus hijos usan internet y las redes sociales. Pasan de preocuparse por el tiempo que sus niños jugaban en los video-juegos a angustiarse por el tipo de relación que establecen en las redes.

Padres que no conocen los alcances y riesgos de instragram, facebook, twitter, snaptchat y wassapp. Que no saben qué significa grooming, sexting o cyberacoso

Padres que tienen teléfonos de última generación, pero que tienen un un uso analógico del mismo, de tal manera que usan wassapp con sus hermanas, comparten fotos con sus amigos en instagram y usan facebook para estar conectado con amigos del colegio, pero no logran entender la forma intensa en la que sus hijos se relacionan  por esta vía.

Dos grandes preguntas llegan a mi consulta sobre las redes sociales
¿Cómo se manejan los límites en esta forma de relacionarse?
Y en consecuencia ¿qué es privado?, ¿qué es público?
¿Debo supervisar las redes sociales de mis hijos adolescentes?

Las relaciones interpersonales siempre tienen un límite. El setting, le decimos en psicología. El espacio físico nos permite reconocer facilmente el límite de la relación con el otro: así, en el colegio, sabemos que hay cosas que pueden y no pueden hacerse. Igual en el trabajo, o en el consultorio de un médico o en la parada del autobús.

¿Pero qué pasa cuando el espacio físico está ausente?¿todo está permitido?

¿Podemos realmente hablar de todo lo que queremos con alguien porque está detrás de la pantalla, o podemos pedirle realmente cualquier cosa?

La respuesta, lejos de ser un ligero “depende” es muy clara: No, no podemos.

A mi consulta hace un par de años llegó una adolescente de 12 años que en ocasiones terminaba teniendo conversaciones a través del pin* de alto contenido sexual y que tenía dificultad para colocar el límite en la conversación. Su madre, descubre la situación y estalla en una mezcla de ira y angustia.  Viene de un hogar de padres atentos a las necesidades de sus hijos y es una chica de muy buen nivel académico, con muchos recursos intelectuales para afrontar la escolaridad.

Su madre estaba aterrada y deseaba orientación a la vez que quería comprender cómo había sucedido esto. ¿tenía que quitarle el teléfono?, ¿castigarla?, ¿y si volvía a ocurrir?

A lo largo de la sesiones logramos ver un poco qué estaba pasando. A continuación les cuento un poco sobre esta situación y el camino que recorrimos.

1.- Dificultad para reconocer qué es público y qué es privado: “todo el mundo tiene mi pin” por eso “todo el mundo” podía contactarla. “Tengo 1678 amigos en facebook. Soy la que tiene mas seguidores en instagram”. Aprender a reconocer qué aspectos de la vida son privados permite comenzar a colocar un límite.

2.- Necesidad de aceptación: estos contactos le generaban el placer de sentirse mayor, admirada y audaz. Esta “sensación” era muy poderosa y la animaba a seguir adelante, a pesar de sentirse incómoda con las proposiciones de los contactos. ¿Podía lograr esta sensación de aceptación en un contexto menos riesgosos, a través de otras actividades? Esta pregunta no sólo necesitaba responderla ella como adolescente, sino sus padres.

3.- “A mi no me va a pasar, yo no soy tan tonta”: ante las advertencias de riesgos de las relaciones en internet, aparece la sensación de omnipotencia tan típica de los adolescentes, que adicionalmente dificulta que soliciten ayuda cuando podrían necesitarla

4. Separación entre el mundo virtual y el mundo presencial: la creación y re-creación de una identidad peculiar en internet actúa por un lado como medio para explorar los propios recursos, conversar sobre temas e intereses que muchas veces los adolescentes no logran compartir en sus mundos presenciales. A la vez, cuando estos dos mundos se convierten en dos “territorios” marcadamente distintos, podrían iniciarse conductas de “riesgo virtual” . Aprender a manejar la autenticidad implica aprender a reconoce cuándo la relación con los contactos de internet termina siendo una expresión distorsionada de mi identidad, o cuando las relaciones presenciales que establezco no me permiten ser quien soy realmente y es hora de pensar en ello.

 5.- Dificultad para colocar límites en la relación y conectar son sus sentimientos de incomodidad cuando este límite está siendo sobrepasado. Muchas veces termina ocurriendo que los adolescentes comienzan a sentir que pisan arenas movedizas, sin saber re-conocer qué es lo que realmente les sucede. ¿Están siendo víctimas de acoso?, ¿la persona detrás de la pantalla me presiona sutilmente a intercambios inadecuados?, Si esta conversación ocurriera en el mundo real en una habitación, ¿cómo me sentiría?, ¿asustado? ¿violentado?. Cuando le pregunté a la adolescente sobre qué pasaría si este contacto le mostrara su cuerpo en una habitación en lugar de enviarle fotos, se rió. Entre nerviosa y divertida me soltó: “Estás loca!”. Era una respuesta razonable, lo que estaba sucediendo era una “locura” que la sacaba del lugar en el cual se sentía a gusto con esa persona.

6.- Dificultad para conectar con el lado protector de los padres: muchas veces simplemente el temor al castigo impide que un adolescente pida ayuda ante una situación de riesgo en internet. La sola idea de ser acusado de “provocar” la situación podría impedir la búsqueda de apoyo. Toca revisar si  en el mundo presencial de nuestro hogar, nos comportamos como auténticos  culpabilizadores antes de escuchar cómo tiene lugar una situación.

La madre también necesitó hacerse preguntas…

¿Qué conocimientos tengo sobre las redes sociales?, ¿se manejar las configuraciones de privacidad? ¿cómo manejo mis redes sociales?, ¿las uso para gritar al viento lo que pienso, para descargar la ira y la frustración, para decir o que no puedo decir a la cara?

Si mi hija/o  maneja contenido que considero inadecuado ¿puede pedirme ayuda?, ¿parto de la premisa de que él/ella provocó la situación?, ¿puedo escuchar?

¿Soy capaz de respetar su privacidad?, ¿hemos conversado sobre qué es público y qué es privado?

¿Qué alternativas reales a las redes sociales tiene mi hijo para conectarse con sus intereses y pasiones?, ¿realmente mi hijo/a puede conversar con amigos, salir y compartir lo que le apasiona con otros o debe permanecer bajo siete llaves para prevenir los riesgos de la vida presencial?

¿Recuerdas la época en la que se usaba un candado para restringir las llamadas telefónicas?, ¿cómo te sentías?, ¿qué motivaba a tus padres a limitar las llamadas?

 

Nos toca como padres durante la adolescencia trascender el uso de los “límites”. No se trata de “limitar” el tiempo de uso del teléfono móvil, o de conocer las claves de acceso, o de espiar conversaciones como quien escucha detràs de la puerta.

Màs allá de eso, nuestro hijo necesita re-conocer cuándo alguien excede el límite de lo que él/ella estaría dispuesto a tolerar en una relación presencial. Necesita saber que estaríamos dispuestos a ayudarlo si alguien excede este límite, aunque la situación no sea de nuestro agrado. Necesita tener un mundo presencial satisfactorio y las habildades sociales para frontarlo exitosamente. Necesita saber que el otro es vulnerable y que no tiene derecho a violentar su privacidad por el gusto de reirse con otros.

 

Hagamos un poco de Prevención

 

Mantén una actitud empática sobre la forma en la que que los adolescentes se relacionan por esta vía, esto implica comprender que la relación virtual existe y que parte de nuestro rol implica conocer este tipo de relación y acompañar a nuestro hijo en el descubrimiento de los límites de este tipo de relación.

Comprender esta relación nos permitirá VER señales de alarma y valorarlas en su justa medida. Es muy dificil VER aquello que no comprendemos. Y es muy dificil que nuestro hijo nos pida ayuda si una relación virtual se va de las manos si nosotros resultamos una amenaza

Mucha información y recursos de calidad sobre este tema en la web http://www.protegeles.com/

 

*pin: forma de contactos de la tecnología Blackberry, muy popular en Venezuela

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