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Saudade

“Ella nunca quiso aprender a hablar español,  dejar Portugal era apara ella un castigo divino al que siempre se resistió. Mi mamá no, la amargura de mi abuela nunca contaminó su amor por este país al que conoció con 7 años. Crecí en el agradecimiento por el país que nos recibió. .. no puedo dejarlo sin sentir que me desgarro”  – M

imagen del blog coop*2

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Era una conversación furtiva, casual… una pequeña confesión de alguien que sabe que pronto me voy y que llevo este proceso desde la profunda conciencia de las implicaciones familiares y emocionales que tiene para nosotros. Así lo he decidido y así lo vivo, quizás por eso se sintió en confianza como para resumirme en medio minuto, lo que implica la migración en la mirada transgerenacional.

Esta breve conversación con M me recordó que hace unos días tuve la inmensa fortuna de asistir a las jornadas de la Sociedad Psicoanalítica de Caracas  tituladas: “Consecuencias y conflictos de la emigracion” . En realidad fue una doble fortuna. La primera es porque se trata de un tema que me toca, me moviliza y sobre el cual leo, estudio y escribo. La segunda es que los psicoanalistas tienen algo que me cautiva: ellos se dedican a estudiar mucho su teoría. No la de otros, ni los últimos estudios, ni las mejores promesas en investigación, sino su teoría, su marco de referencia para entender algunos aspectos del ser humano. Cuando una gente estudia mucho y tiene claro sus puntos de partida, pues suele tener luego la gran virtud de, en breves y sencillas palabras, acompañar los descubrimientos de otro.

El programa nos regaló una tierna ponencia. Si, tierna. La de Carmen Elena Dos Reis, titulada “Saudade”

Como muchos sabrán “saudade” es una palabra en portugués que hace referencia a la añoranza por la tierra que se ha dejado atrás. Sin traducción al español, nos permite un acercamiento a un sentimiento que quizas vivía la abuela de M. Un sentimiento profundo, que no hace referencia sólo al duelo migratorio.

Carmen nos hablaba con suavidad, acompañando con fotos en blanco y negro, sobre lo que ocurre en algunas familias de raíces inmigrantes cuando la realidad se impone, dramática, cortante, y quizás violenta y vuelve a asomarse la posibilidad de moverse. Como si la familia no lograra el objetivo trazado en el pasado, de echar raíces y florecer durante siglos en el mismo lugar. Una suerte de promesa rota, de repetición de una historia familiar vivida como la expulsión del paraíso.

Por eso, nos contaba Carmen Elena (quizás también nos confesaba), era tan duro para algunos hijos de inmigrantes sentir que nuevamente deben moverse.

Aquí es cuando la abuela de M cobra peso en su historia y la lleva a preguntarse si esa es la única manera de afrontar la emigración:

¿seré como ella, la castigada por el destierro?, o ¿seré como mi madre, agradecida y leal con la tierra aun a costa de mi propia sequía?

En esa breve confesión, M me deja ver, sutilmente, cómo  la historia de las dos generaciones anteriores sigue teniendo tanto peso, que no es fácil comenzar a construir la suya.

Es como el título de la ponencia de Carmen Elena, una Saudade que llega a la tercera generación intacta. La primera en estado puro, la de la abuela, trasnformada en amargura. La segunda, negada, queda sepultada por el agradecimiento, los éxitos, el progreso. La tercera, llega deforme, causa augustia y dificulta profundamente la toma de decisiones desde los proyectos y deseos propios.

La saudade existe, pero si es ajena pesa mucho,

La saudade, cuando nos es heredada, necesita ser vista a la cara, comprendida y devuelta amorosamente a su propietario original,

La saudade no tiene que ser el destino de M, pero si puede ser parte de su historia, de la de sus hijos,

La saudade, como elemento definitorio de la familia, podría actuar en contra de la propia integración al lugar que nos acoge, incluso impedir la toma de deción de moverse a otro lugar, cuando esta podría ser una decisión razonable y adaptativa,

La saudade, en suma, puede jugar a favor, cuando nos permite amar nuestra raíz, pero en contra cuando nos corta las alas.

Me viene a la mente la canción de julio iglesias “Un canto a Galicia” aquí la dejo…

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