Blog de una psicoterapeuta, Psicología para emigrar, Vivir en otro país
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Te deseo una Bruja

Mi regalo para ti, Anna.
 Te deseo una bruja
 Mi vecina es una bruja. estoy segura. Tiene los ojos verdes, el cabello negro y le faltan la mitad de los dientes. Sus uñas están largas, disparejas y negras. Naturalmente se viste con una túnica, de flores, porque es verano.
Casi no usa zapatos, siembra hierbas y habla con los gatos.
Menos mal que estamos en el 2015. Si la pillan hace un par de siglos , la queman.
Cierro los ojos, y la imagino tal cual es, pero con una túnica marrón, frente al fuego, meneando alguna poción mágica en un mítico caldero negro.
Es una bruja, pero de las buenas. Se parece a los “Angeles de la guarda en el proceso migratorio” de los que hablé hace unos años (2010), cuando me topé con una.
Al fondo del jardín, está mi bruja

Al fondo del jardín, está mi bruja

Adivina que necesito compañía, adivina que me gusta hablar. Adivina que me gustan las personas. Adivina que soy feliz porque tengo jardín. Adivina que el trabajo con la tierra me nutre el alma. Intuye el lugar del que vengo, lo fusiona con España y saca sus propias conclusiones ajenas a los hechos, pero conectadas con el alma.

El primer día en el que estuve sola en casa vino a visitarme. Hablamos una hora y media. No se ni cómo (aun no hablo Alemán!), ni de qué… pero hablamos.
Llegó a casa, y sentí que me hizo una radiografía espiritual, me leyó el aura, me midió los chakras y calibró mis energías.
Todos los días agradezco a Dios su presencia, en la casa de al lado.
Se, que si necesito ayuda, y Michael no está,  ella vendrá y resolverá con algún hechizo lo que me ocurra.
Cuando llegas a un lugar en el que no hablas el idioma y no conoces a nadie, necesitas rodearte de brujas que hablen el lenguaje de tu alma.
Sonia y yo hablamos el mismo idioma del corazón, aunque ella tenga unos treinta años más que yo y provengamos de historias tan diferentes.
Estoy segura que no sabe exactamente donde está Venezuela. No sabe que mi tío murió hace una semanas y mi familia tenía que pasar un vía crucis para completar el dinero y los papeles. Tampoco sabe que mi hermano es profesor en la Escuela de Filosofía de la UCV, ni que mi mamá tiene 35 años con un laboratorio en Baruta, pequeño, pero que nos permitió graduarnos en buenas universidades y aun le da de comer. Creo que no sabe ni conjugar los verbos robar o secuestrar, y supone que Chavez es un  personaje simpático amigo de Fidel Castro. No imagina que tengo una amiga que hoy inicia el tratamiento contra el cáncer gracias a que un tropel de personas solidarias la ayudaron a completar los medicamentos que necesita. No sabe que tenía un consultorio en Puerto Ordaz y que daba clases en una Universidad de la que me siento orgullosísima.
No sabe quien soy, pero su grandeza está en que aun así, me mira a los ojos y me da un lugar en su mundo. Me da una identidad atemporal, ahistórica, en un espacio intersubjetivo que ocurre en el jardín. Y luego, de su mano, voy conociendo gente en el pueblo y voy convirtiéndome en la chica exótica a la que Sonia y Paul le alquilaron la casa. Una mujer que anda siempre con su hija y pocas veces se le ve con el marido, porque él trabaja todo el día.
Y así, sin desdibujar mi identidad anterior, se construye una nueva, cuyo referente principal son mi hija y mi bruja de cabecera.
La primera vez que viví la ausencia de mi identidad anterior fue cuando llegué a España en el 2007. Caminaba por las calles de un pequeño pueblo del sur, que no sobrepasa los 1000 habitantes. Era fácil de identificar por el color de piel y la gente me veía con descaro. Yo caminaba y pensaba… “ellos no saben quien soy… ni si quiera saben si soy buena persona!” Me parecía increíble estar rodeada de personas que no saben quien eres! Fue duro, porque me costó muchísimo trabajo encontrar una bruja… en su lugar topé con el pre-juicio que, la mayoría de las veces,me hería.
Me dolía tanto que lloraba.
Mi llanto tomaba la forma de la tristeza, y sentía la pérdida de mis seres queridos. Pero era una tristeza ególatra… no solo pensaba en mis seres queridos por ellos mismos, sino en la necesidad que tenía de ellos para mantener mi identidad intacta.
A veces lloraba de ira, y muchas veces por vanidosa.
Me tomó mucho tiempo entender que necesitaba una bruja, que me intuyera y me mirara a los ojos y, que sin miedo, intentara hablar conmigo, no con su prejuicio.
Mi bruja Sonia me mira y me veo en sus ojos verdes.
Gracias a Dios por las brujas… espero que hoy te topes con una.
______
Anna, hoy 31 de agosto celebro al vida contigo! deseo que te miren a los ojos y vean a Anna, no a la enfermedad de Anna y que tu escencia se vea multiplicada en la compañía amorosa de quienes te aman. Que vengan mil brujas a tu casa! Feliz vida Anna!

6 Comments

  1. Maripili says

    Comprendo lo que dices, y creo comprenderlo, desde otro lugar de mi ser. Esos encuentros humanos son invalorables. Carinos y que eso te permita seguir adelante…

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  2. Mi Rosario… tienes realmente el don del contacto contigo misma… y el don de alargar el puente hasta quien este abierto a un encuentro “real”. Cada palabra de tu texto es un joyita de tu interior. Me encanta que te hayas cruzado con esa bruja… y sobre todo que uno de tus primeros encuentros sea con una persona que sin ni siquiera poder compartir el idioma… pueda compartir tanto al mismo tiempo… Esos puentes magicos que nos unen a ciertas personas… Siguenos contando tu “entrada” a este pueblo que espero sea magico para ti, Michael y Victoria…. Abrazos xoxoxoxoo

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    • Amiga querida, tus palabras del otro día son un mantra. Gracias por comentar…. es como una conversación íntima y profunda que nos debemos. Es así, hay gente que te permite conexiones y que es solidaria!
      Te quiero muchisimo!

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  3. Totalmente de acuerdo, Ro. En mi otra vida, aquella itinerante, siempre encontré, en cada lugar al que llegaba, buenas brujas que me acompañaban y me aceptaban así, sin conocer mi pasado, como esa “argentina simpatica e solare”, sin saber quiénes eran mis padres, mis abuelos, mis hermanas o si había ido o no a la universidad… En una ciudad italiana, toqué la puerta de mi vecina y le dije, al borde de la desesperación, con un bebito de un año recién cumplido y mi absoluta soledad: “Hola, ¿qué tal? Necesito con urgencia una señora de la limpieza y una recomendación para alguna guardería”. Ella se rió y me di cuenta enseguida que había encontrado a la primera bruja. Y ella, con sus rituales de cafecito después de comer, más su amiga del cuarto piso y las hijas de ambas, formaron un aquelarre capaz de contenerme en ese año que fue uno de los peores de mi destierro! 🙂 Te abrazo fuerte y me alegro mucho de que hayas encontrado en Anna a mi Linda…

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    • Ay Maguita, que tropel de gente buena se encuentra uno en la vida cuando migra. A veces no da tiempo ni de dar las gracias. Yo recuerdo a una brasilera maravillosa que cuidó a mi hija una mañana que ni mi marido ni yo podíamos faltar al trabajo. Se la dejé dormida, con fiebre… al día de hoy no se nada de ella, pues los caminos no siempre nos permiten permanecer cerca. Hoy sólo conozco una forma de agradecer estos gestos: ser bueno con otros, ser simpática, ser respetuosa. Es mi manera de honrar a tantos angelitos de la guarda que andan por allí!

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