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No soy rubia ¿y qué? Un cuento para hablar sobre el miedo al rechazo por ser diferente

No soy rubia ¿Y qué? Autores: Kirmen Uribe y Mikel Valverde

No soy rubia ¿Y qué?
Autores: Kirmen Uribe y Mikel Valverde

strong>No soy rubia, ¿y qué? es un cuento bienintencionado de la editorial Editores Asociados. Lo compré hace unos años en España, cuando trabajaba en una ONG para inmigrantes como docente de un curso de Mediación Intercutural. Mis alumnas era todas mujeres, la mitad de origen árabe y la otra mitad de Africa Subsahariana. Es decir, de esos grupos minoritarios que suponemos de entrada que están en desventaja: mujeres, de color, de “otra” religión.

Fue un experiencia maravillosa, ¡seis meses de curso!.

Y el tema racial era “el” tema.

Se sabían miradas por la calle porque usaban velo, porque eran negras, o porque llevaban ropas africanas de mil colores. Lo sabían y les importaba.

El cuento que compré tiene un título desafiante.

Se trata de una niña color canela, inmigrante de Marruecos,  que quiere ser rubia. Parece que para las rubias del salón, donde ella es la nueva, la vida es más fácil.

El cuento bienintencionado es el típico cuento que las maestras compran para leerlo a sus alumnos cuando llega un niño negro al salón. O que compramos las madres cuando vemos que nuestro hijo (negro, chino, magrebí) va a entrar a un salón de niños blancos y rubios y tenemos terror de que sienta la diferencia racial como una limitación. O que ocurra la peor de las pesadillas: que sea rechazado por el color de la piel.

Si en tus manos cae un cuento como este, donde el tema racial es “el” tema para hablar con tu hijo o tus alumnos, recomiendo hacernos antes las siguientes preguntas:

(a) ¿Cómo me siento en el país en el que vivo con mi diferencia física?, ¿observada?, ¿rechazada?, ¿cuestionada?, ¿admirada?, ¿envidiada?, ¿discriminada? ¿ignorada?

(b) En mi país de origen, ¿sentía lo mismo?

(c) Si creo que existe un prejuicio sobre la personas de mi color/religión/orientación sexual ¿cuál es?

(d) Las respuestas que me doy sobre este tema, ¿son una herencia para mi hijo?, ¿cuál es mi discurso?

Las respuestas nos pertenecen. No tienen por qué ser un discurso preestablecido para nuestro hijo. Ellos tienen derecho a construir su propio discurso sobre si mismos.

Emigrar y la construcción de una mitología familiar de la desigualdad. 

Para muchas personas que emigran la idea sobre “tener” objetos está muy presente. Deshacerse de objetos resulta una tarea importante y reponerlos en lugar de destino , un logro. Cuando este discurso es dominante en la familia, asociamos la condición de emigrantes a una especie de lucha por el bienestar económico, que se representa en objetos. Y que durante los primeros años suelen ser menos que los que tiene el vecino, que tiene 20 años acumulando trastos en su casa.

Entonces asumimos, sutilmente,  que somos desiguales. 

Lo mismo pasa con el tema racial. Asumir, de entrada que el color de piel es una ventaja/desventaja crea un  discurso de desigualdad en casa. De tal manera que no es de extrañar que esta niña del cuento desee ser rubia.

El cuento tiene un diálogo demoledor, que es el que aparece en la imagen. Los niños de su clase asocian su color con pobreza económica y social, y ella no sabe cómo ni por qué le afecta este discurso. ¡Claro!¡ es muy pequeña!

Pero el discurso del afuera (el de los niños de su clase) tendría poco poder si no encontrara eco dentro de casa. Pero nos damos cuenta, que en el fondo, nuestra pequeña protagonista desea ser rubia desde mucho antes de llegar a Europa. Entonces nos tenemos que preguntar ¿qué discurso tengo en casa sobre el tema racial? 

¿Qué hace una niña que se le asume desigual por su lugar de origen y por su color de piel?

En el cuento la niña logra rescatar sus potencialidades en otras áreas para poner en relieve otras características de su persona que son más relevantes que su aspecto físico. 

Le cuesta, porque no tiene la mediación de un adulto que le ayude a comprenderse a si misma como persona y no como persona-negra, persona-arabe, persona-musulmana.

El mundo que afrontaran nuestros hijos al llegar a un país nuevo no lo podemos controlar. A veces, este afán de control nos lleva a intentar protegerlo utilizando como medio objetos que compensen la desigualdad percibida del adulto o incluso presionando cambios en la forma de relación en el colegio, convirtiéndonos en padres “al ataque” de cualquier hecho que interpretemos como discriminatorio. Cuando en realidad nuestros niños necesitan eliminar desde dentro las etiquetas autoimpuestas en casa.

Nuestra pequeña heroína del cuento lo logró descubriendo sus habilidades y rescatándose a si misma de la prisión de una etiqueta que minimiza su condición de niña y maximiza la desigualdad. ¿cómo lo logras tu en tu vida?

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