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La Pascua en Alemania (o una experiencia de estrés aculturativo)

La iglesia es imponente, elegante, antigua. los niños se acomodan en unos bancos en la parte frontal, justo frente al Altar, pero ella, mi niña de 6 años, se viene conmigo. Está a punto de llorar y no sabe por qué. Es Domingo de Ramos y en Alemania, como en todas las iglesias del mundo, nos encontramos con una misa especial. Como es natural la celebración religiosa está aderezada con matices culturales, casi regionales: cada quien tiene un ramo, no todos, pero si la mayoría de los niños. Y no un “ramito” sino unas especies de coronas con huevos pintados que jamás hemos visto. Bueno, si. Los vi en en los puestos de flores el sábado y no sabía para qué era. Ya lo se.

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Los ramos típicos del Domingo de Ramos en el Sur de Alemania – Foto: focus.de

 

Mientras me acerco siento que, una vez más, somos extrañas: no tenemos ramos. Sin duda sería muy fácil preguntar, pero no se decir “ramo” en alemán y paso de preguntar obviedades justo antes de entrar a la iglesia mientras nos asfixian con incienso.La cara de desorientación de mi hija y sus ojitos de “mamiyoquierounramoconhuevospintadosyparticiparenelcirculodeniñosqueestájustodelantedeminaríz” me asalta. De pronto me siento responsable de su desazón, y naturalmente de la mía. Como si apareciera un foco de luz que nos iluminara y la voz del mismisimo Jesús: “hermanos, he aquí a las únicas que no tienen las típicas coronas alemanas con huevos, reconozcálas”. Esta sensación dura lo que yo le permito y mi cabeza se llena de la única voz que me interesa y me dice: “no seas tonta, esto es una iglesia, y cabemos todos con ramos o sin ramos, ya te enterarás cómo funciona y ¡ocúpate de que tu hija no olvide a qué vino!”

Su carita sigue en el mismo sitio, y de repente se siente inadecuada, como si hubiese ido a la misa en traje de baño. La miro, la tomo de la mano y le pregunto: “¿seguimos?”, es una valiente, me responde: “si, mamá”. Mientras caminamos vemos que algunos llevan ramos enormes y otros pequeños, y alguno no lleva nada.

La cargo y le digo: “Victoria, tranquila, esto es una iglesia, es la casa de Dios, cabemos todos con o sin ramos!” se sonríe , me abraza, y se sienta junto al resto… para ella ya pasó.
A mi no se me pasa del todo. Sigo sintiendo el agotamiento de tener que aprender lo básico, y la fascinación por descubrir de dónde sale esta tradición que inunda de huevos el mes de marzo. Me siento abrumada mientras dan la bendición y y dicen un montón de cosas. La misa avanza y poco a poco nos vamos reconfortando. Rezar en grupo tiene un efecto muy curioso: es como si la vibración lenta, rítmica, predecible y ronca, entrara por el oído y te meciera. Poco a poco recupero tranquilidad.

Descubrir lo obvio agota más que descubrir lo difícil. Lo obvio no lo explica nadie, porque lo damos por supuesto. Descubrir lo obvio, a su vez es lo que más deseamos, porque queremos hacer algunas cosas sin tantas explicaciones.Pero emigrar también significa comprender que no hay nada obvio, que todo lo que realmente aprenderás pasa por la consciencia, antes de ser automatizado

Esta fue mi lección del Domingo de Ramos.

La siguió la lección del Domingo de Resurrección.

Victoria se despertó temprano, se montó una chaqueta, las botas y agarró la cesta del pan, dispuesta a llenarla de huevos de chocolate. Iba como Caperucita Roja, tan distraída, que la mitad de los huevos no los vio. Pero tuvo suerte: encontró dos nidos hasta el tope. El resto del botín lo componía una cantidad de huevos, y otros regalitos que el conejo travieso dejó regados por el jardín.
El día ha transcurrió tranquilo, y he pude sembrar las primeras flores de la temporada. Arreglar el jardín me produce una alegría tremenda, y me cura un poco del espanto vivido anterior en el templo del consumo: El Müller.
pascua en alemania estres aculturativoEl sábado antes de la Pascua fui, ingenuamente, a comprar algún regalITO (chiquitito) para dejarlo en el jardín. Ante tanto chocolate, pensé (y leí y me asesoré en internet) que también podía ser lindo encontrar semillas de flores, un lacito, algo pequeño…
Pero en las tiendas me llevé una sorpresa: esta gente hace regalos de Pascua. El tropel de gente en la sección de juguetería ya había dejado estanterías de conejos de chocolate vacías y estaban comprando re-ga-los. Regalos tipo 24 de diciembre, Reyes Magos o cumpleaños. Pasados 20 minutos me invadió la angustia: mi hija sería la única niña que el conejo le iba a traer un piche lazo. No estaba preparada psicológicamente para comprar un regalo: tengo la imagen de Cristo en la Cruz, de la Dolorosa, del Cristo Sangrante de San Rafael de Cochino Frito, y no me pega con regalos. Lo siento.

Sudé, suspiré y me salí de la cola en la que estaba para pagar. Agarré impulso y dije “compra alguna vaina, tu puedes”. No pude. No me salía. Así que fui coherente y seguí lo que iba a hacer: un domingo divertido buscando algo en el jardín. Me quedé con lo que tenía en la cesta que eran cosas pequeñas, de esas que dan alegría.
Victoria ha buscando chocolates el domingo de Pascua en todos las ciudades en las que hemos vivido porque su papá se ha encargado de mantener esta tradición alemana allá donde hemos vivido. Así que, coherentes con lo que somos, durante la noche escondimos en el jardín la diversión, nos tomamos un vinito y soltamos la presión del consumo.
El domingo de Pascua decidí que la Iglesia quedaría para otro día. No se qué tenían pensado los alemanes en misa de Resurrección, pero preventivamente me quedé en casa. No estoy para más estrés aculturativo*


 

*Estrés aculturativo
A la respuesta de ansiedad que se produce en la adaptación a nuevos patrones culturales se le conoce como estres aculturativo, y es mayor en tanto mas diferencias existen entre la cultura de origen y la cultura del país de destino. Las teorías tradicionales de aculturación han sumido que tiende a disminuir en la medida en que el inmigrante se apropie del sistema de valores dominante, aunque en la práctica clínica demuestra lo contrario. Numerosas investigaciones recientes han demostrado que “la asimilación cultural podría no ser posible por variables como la discriminación por razones raciales de pobreza… y en lugar de incrementar sus competencias lingüísticas y culturales la discriminación puede inhibir en proceso de identificación de la familia inmigrante” En este sentido han surgido interesantísimas propuestas que ponen en relieve proceso más complejos y realistas que la asimilación cultural, entendiendo que el camino que seguimos las familias multiculturales no es un camino lineal de adquisición de prácticas culturales, sino que avanza de forma compleja en la construcción de una identidad bicultural.

Para profundizar sobre este tema recomiendo la Parte II del libro “Latino Families in therapy” de Celia Jaes Falicov (2014)” sobre Migración y Aculturación

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