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Bájate, conócelos. Son los nuevos amigos de tu hijo.

Hacía mucho frío, aún no había nevado, pero el viento estaba helado y húmedo. Ví como se alejaba con ese abrigo rosa fresa que nos iba a salir por un ojo de la cara y que conseguimos en una oferta fantástica. Se iba alejando, haciéndose pequeñita mientras yo pensaba en Tony Chalbaud.

 

Se iba acercando a la iglesia. La iglesia imponente y solitaria donde un grupo de niños ensayaría para el nacimiento viviente que presentan en Navidad en nuestro pueblo de adopción, al sur de Alemania.

 

“No le dije que debe hacer si cuando abra la puerta no está el grupo allí” pensé mientras se bajaba del carro.

 

Pensé en lo frágil que es. Pensé también que hacia frío. Que tenía un bebe de 9 meses a punto de dormirse. Me dí ánimos diciéndome que ya tiene 8. Como si 8 años fueran muchos años. Como si 8 años representaran un super poder. “Es solo una hora” . Esperé 5 minutos estacionada, por si salía. No salió. ¿qué podía pasar?

Y pensé en Tony.

 

No puedo nombrar aquí todas las cosas que he aprendí de Tony (sería este un post muy largo) pero quiero contarles algo sobre él. Para ello debo decir antes que durante años fui scout. Cada sábado iba a reunirme con un grupo maravilloso, con el que aún mantengo lazos profundos. En términos concretos eso significaba que, cada sábado de 2:30 a 5:30 estaba con un grupo de adolescentes dirigido por adultos voluntarios. Esos adultos organizaban actividades para la formación de niños y jóvenes. Y tenían un jefe. Durante un largo tiempo ese jefe fue Tony. Para quienes no lo conocían la función de Tony parecía simple: cada sábado estaba en la puerta de nuestro lugar de reunión. Saludaba a los padres de los niños, (para las damas siempre un piropo y para los caballeros un chiste acorde con la situación) y luego se despedía de todos. Lo natural era saludarlo y entrar corriendo a verse con los amigos mientras los padres pasaban unos minutos con él.

 

Pero algunas veces esto no pasaba. Los niños se bajaban de algún carro con prisas. Desde el interior, algún padre apurado hacia un saludo con la mano y dejaba a sus hijos en la puerta para volver 3 horas mas tarde.

 

Entonces de la boca de Tony no salían ni piropos ni chistes. Mascullaba una colección de improperios que tenia reservados para ese momento, porque era una irresponsabilidad dejar a un niño en manos de unos adultos sin ni siquiera tomarse 5 minutos para saber en manos de quién se quedaban sus niños. Esa escena terminaba más o menos igual siempre “no saben quiénes somos”. Muchas veces lo vi asomarse a la ventana de aquellos carros de gente apurada , para dar la mano y animar a esos padres a conocer con quiénes dejaban a sus niños.

 

Lo se porque crecí en este grupo.

 

Lo se porque años más tarde yo misma estuve en esa puerta, viendo cómo los padres se alejaban dejando a sus amados tesoros en nuestras manos. Y porque años más tarde escuché los mismos improperios de muchos de mis grandes amigos. Lo recuerdo especialmente de Mary Maceira.

 

El 12 de diciembre, 20 o 25 años mas tarde, yo fui una de esas madres.

 

Me pudo la comodidad.

 

La vi alejarse mientras recordaba las lecciones de Tony.

 

Volví una hora más tarde

En la puerta de la iglesia estaba mi hija, con los ojos rojos de llorar.

 

La acompañaba una mujer a la que llamo Frau Beata porque no se pronunciar su nombre. ¡Frau Beata!

Mientras me hablaba en alemán, yo hablaba con Victoria en español y pensaba en Tony. No me bajé. No me bajé por cómoda. No tenía otra excusa, no conmigio misma. ¿qué había pasado?

 

Si. Frau Beata me habia entregado un papel y allí se especificaba un cambio de horario. Pero yo no lo leí. Simplemente lo recibí… y mi hija estuvo puntual a una hora incorrecta en un lugar solitario, cuyos muros albergan historias de mil colores, algunas muy oscuras.

Y allí había dejado a mi hija, sin bajarme.

 

Y allí estaba Frau Beata. No se si es buena persona. Lo parece, pero no lo se.

Y como no lo se, ni lo voy a saber nunca, lo único que puedo hacer es seguir el consejo de Tony que no escuché ese día justo cuando debí escucharlo:

 

“Bájate. No sabes quiénes son.”

 


Nos puede pasar que al vivir el otro contexto, perdamos el contacto con la sabiduría que cotidianamente recibiríamos de nuestros mayores, aún siendo adultos. La falta de contacto con personas de la tercera edad nos deja desprovistos de la “sabiduría de sentido común” que todavía necesitamos. Por ello es tan necesario tenerlos presentes, simbólicamente, aún en medio de la ausencia. La falta de referentes nos hace vulnerables, porque nos impide ver riesgos y oportunidades con claridad. Nos hace cuestionarnos si “debemos” o no hacer determinadas cosas como padres. Es todo un reto, que vivimos cada día como padres en el extranjero.


Tejer Vínculos (4)

 

 

 

3 Comments

  1. Ana says

    Guuaaaooo yo aquí todavía no me acostumbro mucho a la idea de dejarla sola en un sitio a ninguna de mis dos niñas, me ha tocado pero siempre me quedo como con ese sustico en la boca del estómago

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  2. Maria Milano says

    A pesar del tiempo el aprendizaje llego en el momento indicado, por que el tiempo de dios es perfecto, para mi aunque mas pequeña que todo ese grupo de amigos, es el aprendizaje que hoy asumí, al igual que Tony, pues continuamos tratando de sumar padres y de hacerlos nuestros aliados, Gracias por tus palabras!!

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