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Tres años en Alemania

Tres años en Alemania. Tres años trabajando este jardín. Llegamos a una casa de un tamaño más que razonable para una familia de tres personas y un perro que venían de vivir en pocos metros cuadrados. La casa en si misma estaba muy bien. Pero ese trozo de tierra lleno de malas hierbas , arbustos sin jardinero y rosales salvajes era, literalmente, nuestra “tierra prometida”. Junto a las primeras cosas que compré al día siguiente de nuestra llegada, estaba un par de guantes de jardinería y el mismo día empecé a arrancar matojos. Con más desesperación que visión a largo plazo, inicié mi carrera de jardinera. Sabía que, detrás de las  malas hierbas, debajo del batallón de babosas y justo entre los espinos, se escondía el jardín más bonito que yo habría podido soñar. Había que trabajar duro y así lo hice el primer año. Trabajé duro… sin conocer el terreno. Sin tener ni idea de las estaciones ni por qué debía cortar aquello que no quería podar o sembrar flores que no vería en …

Bájate, conócelos. Son los nuevos amigos de tu hijo.

Hacía mucho frío, aún no había nevado, pero el viento estaba helado y húmedo. Ví como se alejaba con ese abrigo rosa fresa que nos iba a salir por un ojo de la cara y que conseguimos en una oferta fantástica. Se iba alejando, haciéndose pequeñita mientras yo pensaba en Tony Chalbaud.   Se iba acercando a la iglesia. La iglesia imponente y solitaria donde un grupo de niños ensayaría para el nacimiento viviente que presentan en Navidad en nuestro pueblo de adopción, al sur de Alemania.   “No le dije que debe hacer si cuando abra la puerta no está el grupo allí” pensé mientras se bajaba del carro.   Pensé en lo frágil que es. Pensé también que hacia frío. Que tenía un bebe de 9 meses a punto de dormirse. Me dí ánimos diciéndome que ya tiene 8. Como si 8 años fueran muchos años. Como si 8 años representaran un super poder. “Es solo una hora” . Esperé 5 minutos estacionada, por si salía. No salió. ¿qué podía pasar? Y pensé …

Dos años en Alemania

Es como una suerte de cumpleaños. Miro hacia adentro y me siento satisfecha. No creo que la frase “empezar de cero” me describa: nunca he empezado desde cero. He empezado sin muebles, sin familia ni amigos cerca, pero con suficientes herramientas en mi maleta como para construir una vida llena de amores. Amor de pareja, de familia, amor por mis proyectos personales y por quienes me rodean. Así que hace dos años no empecé de cero, pero sí empecé de nuevo. La primera vez que fui a Meersburg, una ciudad de película al borde del Bodensee (lago Constanza) me detuve frente a una tienda de sombreros que hay en una esquina de ensueño, en la que en verano las flores caen como cascadas desde las ventanas. Los quería todos y me enamoré de uno. Quería ir en vestido y con sombrero disfrutando del sol. Ya tenía el vestido puesto ¡solo me faltaba el sombrero! No podía comprarlo, pues las prioridades eran otras: empezar a equiparnos con ropa para el invierno. La coquetería veraniega podía esperar. …

¿Emigraste?: Evita la comparación

Comprender el país de destino comparándolo con el de origen nos dificulta apreciar la diferencia y nos invita a denigrar aspectos que simplemente no son comparables.
Desde hace años practico la no-comparación, como una convicción casi espiritual. Fue una decisión que tomé conscientemente cuando comprendí que, tal y como ocurre con todas las comparaciones, el resultado solía ser insuficiente y no era satisfactorio. Quedaba siempre un sabor agridulce. Aquí cuento cómo lo hago y lo saludable que ha resultado.

Hospitalizada en Alemania: lo que aprendí de esta experiencia

Esta vez, por circunstancias de salud en mi segundo embarazo, he estado hospitalizada dos veces. Estar en un hospital no es algo agradable en ningún lugar del mundo, pero he aprendido mucho de ambas experiencias. Quiero hoy compartir las cinco cosas que he aprendido al estar hospitalizada siendo extranjera.