Venezuela en la distancia

por | Abr 19, 2017 | Vivencias de una psicoterapeuta, Vivir en otro país | 0 Comentarios

No hay distancia ni tiempo que diluya el amor por la tierra.
Si ella arde, nos duele.
Si ella florece nos alegra.
Si ella prospera, nos enorgullece.
Si ella se hunde en la oscuridad, no podemos ser indiferentes.
Porque el amor por la tierra nos acompaña y se convierte en herencia.
Y la raíz se multiplica en esta diáspora que hoy te vive muy cerca.
Y aunque escuchemos el reproche amargo por la lejanía,
seguimos pensando que tenemos derecho a que nos duelas.
Y por más que la polarizacion nos alcance,
y nos convierta en «los que se fueron»,
no nos dejamos alcanzar por el desamor.
En silencio escuchamos al hermano que sufre en su piel tus dolores, lloramos por la madre que no podemos ayudar y gritamos de rabia cuando la injusticia y la muerte aparece.
Entedemos que la herida es grande,
Y que tomará años curarla.
Por eso criamos hijos que te quieran en la distancia.
Que conozcan no solo tus heridas,
sino tus luces, tus alegrías y tus logros.
Por eso sigo haciendo arepas. Y cuento y canto tus historias.
Y lo harán mis hijos,
y todos los hijos de la diáspora.
IMG_20170419_194517_78819 de abril de 2017

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